Algunas Consideraciones Teológicas sobre la Perfección

Algunas Consideraciones Teológicas sobre la Perfección

Algunas consideraciones teológicas sobre la perfección

Edward Heppenstall

 

  1. Enseñanza Bíblica sobre la perfección

La verdad acerca de la perfección en la doctrina y experiencia cristiana es la que hace justicia al significado y al uso bíblico de la palabra. La Biblia enseña que los verdaderos cristianos crecerán tanto en gracia como en la imagen de nuestro Señor Jesucristo. Él continuamente tiene hambre y sed de justicia. Hay una búsqueda sincera y desvergonzada por la santidad espiritual.

Como la Biblia exhorta al creyente de todas las épocas una y otra vez a “ser perfecto” entonces, obviamente la experiencia a la que aboga no es algo que está más allá de la experiencia de aquellos a quienes la Palabra fue dirigida. Debe ser posible dentro del marco de la vida cristiana aquí en la Tierra, de lo contrario, no tendría sentido que los escritores bíblicos urgieran a los creyentes a buscar la perfección. Esta exhortación pertenece a los creyentes de todas las épocas y no solo a los que vivan justo antes del regreso de nuestro Señor.

El único significado válido para las palabras “perfecto” y “perfección” es el que la Biblia les da. Por lo tanto, es imperativo que estudiemos para comprender, tanto como sea posible, el significado y el uso que las Escrituras le dan a la perfección y así evitar nuestras interpretaciones arbitrarias.

Teleios

La palabra más importante traducida como “perfecto” en el Nuevo Testamento es la palabra griega “teleios”. Esta palabra está derivada del sustantivo “telos”, usualmente traducida como “meta”, “propósito”, “fin”. La palabra tiene en mente una etapa definida del desarrollo espiritual para los cristianos de todas las épocas, para los que vivieron en los tiempos de los apóstoles, así como para los que viven hoy.  Casi invariablemente la palabra describe los logros de la madurez espiritual, una estabilidad cristiana de la cual uno no vuelve atrás, una lealtad inquebrantable al Dios Viviente.

Pablo usa esta palabra con mucha frecuencia al designar cristianos perfectos o maduros en contraste con los que permanecían como bebés espirituales.

“Hermanos, no sean niños en su modo de pensar. Sean niños en cuanto a la malicia, pero adultos [Teleio] en su modo de pensar” (1 Cor. 14:20 NVI).

“En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. El que solo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos [Teleion], para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual. Por eso, dejando a un lado las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez [teleios]” (Heb. 5:12-14; 6:1).

Aquí el escritor de la epístola a los Hebreos reconoce que hay un comienzo para la vida cristiana. Uno debe comenzar con el ABC de la fe cristiana. Como un bebé recién nacido, toma su comida espiritual de otros cristianos maduros. En este punto, el autor está seriamente preocupado porque muchos de estos cristianos todavía visten las ropas mentales y espirituales de la niñez. No están creciendo. En un momento en que deberían ser lo suficientemente perfectos (maduros) para instruir y liderar a otros en la vida cristiana, todavía deben ser tratados como niños.

Pablo también se sentía de esa forma con respecto a algunos de los miembros de la iglesia en Corinto. En 1 Corintios 2:6 él declara que “[…] hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez [teleioi] en la fe” (RVR1995); pero luego agrega: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque aún no erais capaces; ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?” (1 Cor. 3:1-3 RVR1995).

Pablo contrasta bebés espirituales en la iglesia con aquellos a los que llama creyentes perfectos o plenamente maduros. La inmadurez a la que se refiere se veía en la iglesia de Corinto por sus divisiones, y esto los incapacitaba para comprender las cosas profundas de Dios.

Pablo declara que debería ser la meta de todo ministro cristiano desde sus días hasta los nuestros llevar su rebaño a la perfección, eso es, a la plena madurez del carácter cristiano, ya que Dios ha proporcionado estos dones para alcanzar esta etapa madura en la vida.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto [maduro – teleios], a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efe. 4:11-13).

Nuevamente, el propósito y meta es la madurez y estabilidad cristiana, una fuerza de lealtad que no pueda ser quebrantada. Pablo utiliza esta palabra traducida como “perfecto” en la King James Version para describir, no la perfección sin pecado de estos creyentes en las iglesias de Corinto y Éfeso, sino una etapa de madurez espiritual que marca a quienes son firmes en la fe bajo toda circunstancia.

Nuevamente en su Epístola a los Filipenses, él se clasifica a sí mismo entre los “perfectos” o espiritualmente maduros y habla de sabiduría entre los “perfectos”.

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos [teleioi – maduros], esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (Fil. 3:13-15).

Como Pablo había alcanzado esta madurez, él puede hablar sabiduría entre los que también son maduros. El blanco de su ministerio apostólico es “presentar perfecto [teleioi – crecimiento pleno] en Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28). Él describe a su colega Epafras como rogando encarecidamente en oración para que los cristianos colosenses puedan estar “firmes, perfectos [teleioi] y completos en todo lo que Dios quiere” (Col. 4:12).

En el griego clásico, esta misma palabra “teleios” suele usarse para personas que han alcanzado la adultez, para animales plenamente crecidos, o para fruta madura. Para el cristiano, el ideal es Jesucristo, una estatura espiritual para la cual debemos esforzarnos continuamente. La Palabra no tiene en mente la perfección sin pecado. Los santos más santos, hombres como Pablo, han sido los primeros en declarar su constante necesidad de crecer hacia Cristo, mientras afirmaban la pecaminosidad de sus propias naturalezas. El proceso de perfeccionamiento y madurez continúa a lo largo de toda la vida. El cristiano en crecimiento sigue progresando hacia al ideal en Cristo.

Con todos los consejos divinos para ser perfectos, en ningún lugar encontramos al creyente afirmando haber alcanzado la perfección sin pecado, aunque este sea designado como “perfecto” (maduro). Porque tal afirmación está cargada de peligros; el no menor de los tales es la ceguera espiritual que evita que seamos honestos con nosotros mismos. Existen dos peligros opuestos: la ceguera espiritual y fracasar en ser honesto con uno mismo; y el opuesto, una fácil tolerancia hacia el pecado.

De la Palabra de Dios es esta madurez y estabilidad espiritual que es posible en esta vida. Enseñar a partir de los usos bíblicos de esta palabra que la perfección sin pecado es posible para el hombre inherentemente pecador aquí en la Tierra no es apoyada por la Palabra de Dios, y es negada por la propia naturaleza del propio hombre. Esto no niega que haya crecimiento hacia la perfección. El pecado no reina, pero sí permanece en términos de las limitaciones de la naturaleza humana como la conocemos en esta Tierra. Toma en consideración, incluso después del fin del tiempo de gracia, que mientras las personas envejecen las arterias se endurecen, los sistemas mentales y físicos se vuelven más lentos y por lo tanto las respuestas no son lo que eran en la cumbre de la fuerza de la juventud.

Además que el uso bíblico de la palabra “teleios” o perfecto no tenga en mente la última perfección sin pecado puede ser visto donde con frecuencia los creyentes son declarados “perfectos” al punto de haber alcanzado solo algún paso hacia el ideal. “Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto [teleios], capaz también de refrenar todo el cuerpo” (Sant. 3:2). “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos [teleios] y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Sant. 1:4). El hombre perfecto o maduro se describe aquí como uno que tiene completo control sobre su lengua, o que soporta el juicio de su fe sin titubear. El creyente que califica en cualquiera de estos es designado en la Escritura como un cristiano “perfecto” o maduro. Tal control y estabilidad es prueba suficiente que es un cristiano maduro, perfecto, estable. El logro no es el mismo en todos los cristianos. En algunos, esta “perfección” está marcada por el amor a los enemigos (Mat. 5:43-48), en otros se manifiesta en la perseverancia y fidelidad bajo juicio; y en otros, es visto en el control de sus lenguas.

En otras palabras, el propósito de Dios en la vida es la madurez espiritual bajo todas las circunstancias. Cristo se dio a sí mismo para salvarnos, el Espíritu Santo para vivir en el creyente para que pueda elevarse y crecer hasta esta madurez cristiana. “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

Pablo, afirmando que Cristo vivió en él como un cristiano maduro, seguía adelante hacia una meta más noble. A través de esa meta, el Espíritu Santo continúa dirigiéndonos a través de toda nuestra vida. Pero no hay un carácter definitivo en la perfección en esta vida de pruebas. Porque cada paso hacia arriba revela nuevas alturas espirituales todavía sobre nosotros. El privilegio del cristiano es experimentar aquí y ahora lo que ha sido el privilegio de los cristianos de todas las épocas, a saber, el poder del Espíritu Santo para el crecimiento continuo y la madurez espiritual. “La santificación es la obra de toda la vida”. Sin embargo, junto con este crecimiento continuo, encontramos descanso en medio de la fatiga y el conflicto mientras sufrimos en este cuerpo de pecado y muerte hasta la gloriosa aparición de nuestro Señor Jesucristo.

Katartizo

La segunda palabra más importante traducida como “perfecto” en el Nuevo Testamento es la palabra griega “katartizo”. Significa estar “completamente equipado” para el servicio en la obra de la iglesia y en la causa de Dios. Tomen nota de que Pablo y otros escritores bíblicos están refiriéndose a personas de sus días y no solamente a los que vivirían durante los últimos días de la historia de la Tierra. En los siguientes pasajes de la Escritura se utiliza esta palabra.

“El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere PERFECCIONADO [completamente equipado], será como su maestro” (Lucas 6:40).

“Por lo demás, hermanos, tened gozo, PERFECCIONAOS [equipaos completamente], consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Cor. 13:11).

“os haga APTOS [equipe completamente] en toda obra buena para que hagáis su voluntad, […]” (Heb. 13:21).

“Mas el Dios de toda gracia, […] después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os PERFECCIONE [equipe], afirme, fortalezca y establezca” (1 Ped. 5:10).

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de PERFECCIONAR [equipar completamente] a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efe. 4:11, 12).

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea PERFECTO [completamente equipado], enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16, 17).

Cualquiera sea la interpretación que le demos a la doctrina de la perfección debe estar en armonía con la Palabra de Dios; de lo contrario, es falsa. E. G. White insiste en eso, incluso para sus propios escritos. En la siguiente cita, ella dice:

“El hermano J quiere confundir la mente haciendo que parezca que la luz que Dios da a través de los Testimonios es una añadidura a la palabra de Dios, pero así la presenta como una falsa luz. Dios ha visto que esta es una buena manera de atraer la mente de su pueblo a su palabra para que la entiendan mejor” (Testimonios para la iglesia, T. 4, p. 242).

“Los testimonios escritos no son dados para proporcionar nueva luz, sino para impresionar vívidamente en el corazón las verdades de la inspiración ya reveladas. […] No son sacadas a relucir verdades adicionales; sino que Dios ha simplificado por medio de los Testimonios las grandes verdades ya dadas, y en la forma de su elección, las ha presentado a la gente, para despertar e impresionar su mente con ellas” (Testimonios para la iglesia, T. 5, p. 624).

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).

  1. Cierre de la gracia y salvación por gracia

¿Qué enseñan la Biblia y el espíritu de profecía con respecto al cierre de la gracia? Algunos quieren hacernos creer que los méritos de la expiación ya no están disponibles como antes del cierre de la gracia. Que el cese de la intercesión de Cristo significa que su poder salvífico y gracia perdonadora ya no están disponibles ni son necesarios. ¿Qué es lo que Apocalipsis 22:11 realmente quiere decir con respecto al cierre de la gracia? Consideremos varias traducciones de la Biblia para este versículo:

Reina Valera 1960: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”.

Nueva Versión Internacional: “Deja que el malo siga haciendo el mal y que el vil siga envileciéndose; deja que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga santificándose”.

Traducción en lenguaje actual: “Deja que el malo siga haciendo lo malo; y que quien tenga la mente sucia, siga haciendo cosas sucias. Al que haga el bien, déjalo que siga haciéndolo, y al que haya entregado su vida a Dios, deja que se entregue más a él”.

Dios habla hoy: “Deja que el malo siga en su maldad, y que el impuro siga en su impureza; pero que el bueno siga haciendo el bien, y que el santo siga santificándose”.

El contexto de este versículo en el libro de Apocalipsis es que el hombre ha sido confrontado con los mensajes, las advertencias y los juicios finales de Dios. A través de ellos, Dios se ha dirigido a todos los pueblos del mundo y llevó a cabo las palabras y acciones más solemnes sobre la situación pecaminosa del hombre. Este versículo en el último capítulo define las actitudes finales de las dos grandes clases de la humanidad, los salvos y los perdidos. Después del cierre de la gracia, el destino eterno del hombre estará fijado eternamente. Ahora es muy tarde para cambiar.

La palabra clave de este versículo es la palabra griega “eti”, traducida como “todavía”. El que persiste en la maldad, todavía lo hará. El que se sujeta a su inmundicia, todavía lo hará. El que haya elegido el camino de la justicia de Cristo, todavía lo hará. Para los impíos, no habrá más ayuda divina para sacarlo de sus malos caminos. La palabra “todavía” proclama la finalidad de las elecciones que los hombres han hecho. El que es inmundo, deja que siga contaminándose aún más. El que es justo, deja que siga justificándose aún más. En cada caso, mientras que uno se hunde a mayores profundidades de maldad, el justo se eleva a mayores alturas de santidad. El cierre de la gracia es ese momento decisivo del tiempo, cuando todo lo que ha hecho parte en la vida de los hombres habrá determinado su destino final, ser impío o justo para siempre. Si un hombre ha amado la maldad hasta este punto, entonces debe continuar en ella. Dios no tiene más provisión para que él cambie. El Espíritu Santo ha sido retirado de los malos. Por lo tanto, el cambio es imposible. Porque cuando el Espíritu Santo sea retirado, no hay posibilidad de resistir el mal que viene desde adentro del corazón o de las fuerzas satánicas del exterior. El hombre será esclavizado para siempre.

Pero los justos han sido libertados de la esclavitud del pecado para siempre. Porque han elegido a Cristo, toda oportunidad y toda ayuda de la gracia de Dios les será dada para que continúen en la senda de la justicia. El texto habla de la curva permanente de la vida. Los impíos ahora están más allá de la redención. Los justos no pueden perderse. El texto no habla de impecabilidad. Solo habla de finalidad de una u otra manera. Para los perdidos, su pecaminosidad aumentará más y más. Para los salvos, la santidad aumentará más y más.

La señora White declara que cada día la gracia se cierra para algunos. “Cada día termina el tiempo de gracia para algunos” (Patriarcas y profetas, p. 135). “El tiempo de prueba se está terminando para algunos; y ¿podrá decirse que andan bien, que se han hecho aptos para la vida futura?” (Testimonios para la iglesia, T. 5, p. 18). La pregunta no es una del máximo desarrollo del pecado por un lado y haber alcanzado la impecabilidad por el otro. Aquellos para quienes el tiempo de gracia ahora se cierra implica una mayor iniquidad y una permanencia en ella, y para los justos un mayor crecimiento en justicia y permanencia en ella. El tema es de finalidad. Así será cuando el tiempo de gracia termine para todo el mundo.

Hablando del cierre de la gracia para el mundo, la Sra. White escribe: “cada caso será decidido para vida o para muerte” (Primeros escritos, p. 36); “…quedará también decidida la suerte de todos para vida o para muerte” (El conflicto de los siglos, p. 481) (ver también El Deseado de todas las gentes, p. 590). Es muy tarde para cambiar. El carácter está fijado. “La muerte provoca la disolución del cuerpo, pero no produce cambio alguno en nuestro carácter, ni lo cambia tampoco la venida de Cristo; tan sólo lo fija para siempre sin posibilidad de cambio” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 441). “Cuando termine el mensaje del tercer ángel la misericordia divina no intercederá más por los habitantes culpables de la tierra” (El conflicto de los siglos, p. 599).

Los justos manifiestan una lealtad inquebrantable a Cristo. “[…] el mundo ha sido sometido a la prueba final, y todos los que han resultado fieles a los preceptos divinos han recibido “el sello del Dios vivo”. Entonces Jesús dejará de interceder en el santuario celestial” (Ibíd., p. 599).

Vivir sin un mediador no significa vivir sin la justicia de Cristo o sin el Espíritu Santo, o la gracia salvífica de nuestro Señor. Como todos los casos han sido decididos para bien o para mal, la obra de nuestro divino Abogado está concluida. Satanás ya no puede agregar nuevos cargos contra los santos, porque Cristo ya los ha respondido a todos. Los casos de los santos han sido llamados al tribunal del cielo. Cristo ha defendido con éxito nuestra causa y asegurado el juicio a nuestro favor. Ahora, nada puede revertir ese veredicto. No hay nada más para decir. Con excepción de Satanás y sus huestes, hay perfecto acuerdo a través del universo con respecto al veredicto de Cristo en favor de los santos. Todas las preguntas han sido respondidas con respecto al futuro de los santos. Ningún miembro de la Deidad necesita realizar ninguna defensa a su favor. Todo lo que resta es que Cristo regrese y que los santos vivan y reinen con Cristo por mil años (Apoc. 20:4-6).

Debido a su inalterable e irrevocable posición ante Dios, no hay más necesidad para que Cristo interceda con Dios por su salvación o por su redención. Los santos han sido declarados herederos legales de la tierra nueva. Su posición a partir de ahora es de justificación y vindicación final ante los estándares de Dios y ante un universo sin pecado. El hecho que hayan elegido sin reserva la justicia de Cristo, deja solo conceder esa naturaleza sin pecado y la entrada en la herencia eterna en ocasión de la segunda venida de Cristo, cuando esto mortal sea revestido de inmortalidad y esto corruptible sea revestido de incorrupción (1 Cor. 15:52-54).

“Al comprender mejor la infinita pureza de Cristo, sentiremos como Daniel cuando contempló la gloria del Señor y dijo: ‘Mi fuerza se cambió en desfallecimiento’. Daniel 10:8. No podemos decir: ‘Yo no tengo pecado’, hasta que este cuerpo vil sea cambiado y transformado a la semejanza de su cuerpo divino. Pero si procuramos constantemente seguir a Jesús, tenemos la bendita esperanza de estar ante el trono de Dios sin mancha ni arruga, completos en Cristo, ataviados con su justicia y perfección” (A fin de conocerle, p. 363).

  • La condición y experiencia de los santos

¿Cuál es la condición espiritual de los santos después del cierre de la gracia? ¿Reflejan los santos de alguna manera cualquier condición que pertenezca a un estado de pecado? Si es así, ¿todavía están disponibles la sangre expiatoria y los méritos de Cristo?

La señora White describe la experiencia de los santos durante el tiempo de angustia de Jacob con las siguientes palabras: “Tendrán un profundo sentimiento de sus faltas, y al examinar su vida, verán desvanecerse sus esperanzas. […] Si el pueblo de Dios tuviera pecados inconfesos que aparecieran ante ellos […], serían abrumados, la desesperación anularía su fe […] Pero aunque tengan un profundo sentido de su indignidad, no tendrán pecados ocultos que revelar” (Patriarcas y profetas, p. 200, cursiva agregada).

“Mientras Satanás acusa al pueblo de Dios haciendo hincapié en sus pecados, el Señor le permite probarlos hasta el extremo. La confianza de ellos en Dios, su fe y su firmeza serán rigurosamente probadas. […] Reconocen plenamente su debilidad e indignidad” (El conflicto de los siglos, p. 604).

Hablando de los santos en el tiempo de angustia, la Sra. White escribe:

“Los que solo ejercitan poca fe, están en mayor peligro de caer bajo el dominio de los engaños satánicos. […] Y aun en caso de soportar la prueba, en el tiempo de angustia se verán sumidos en mayor aflicción porque no se habrán acostumbrado a confiar en Dios. Las lecciones de fe que hayan descuidado, tendrán que aprenderlas bajo el terrible peso del desaliento” (Ibíd., p. 606).

“Por la entrega de sí mismo y por su confiada fe, Jacob alcanzó lo que no había podido alcanzar con su propia fuerza. […] Así ocurrirá con los que vivan en los últimos días. Cuando los peligros los rodeen, y la desesperación se apodere de su alma, deberán depender únicamente de los méritos de la expiación. […] En toda nuestra desamparada indignidad, debemos confiar en los méritos del Salvador crucificado y resucitado. Nadie perecerá jamás mientras haga esto” (Patriarcas y profetas, p. 201).

Dos hechos son claros de las afirmaciones de la Sra. White: primero, incluso algunos de los santos se encontrarán con falta de fe después del cierre de la gracia, lo que creará para ellos mayor angustia y conflicto. Pero la falta de fe pertenece a un estado de pecado. “La falta de amor y fe son los grandes pecados de los cuales son ahora culpables los hijos de Dios” (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 521). Con certeza, la falta de amor y fe no pertenecen a un estado de impecabilidad. Porque esta falta de fe fue un aspecto esencial del pecado original de Adán y Eva. Obviamente, esta misma condición descrita por la Sra. White niega la afirmación que los santos habrán alcanzado la perfección sin pecado. Si los santos realmente no tienen pecado, y están libres de lo que algunos llaman “pecado original”, ¿cómo es posible que ellos revelen tal fe inadecuada? Esa afirmación no se encuentra en el ámbito de las declaraciones de la Sra. White. El tema que expone tiene que ver con los «pecados no confesados», los «males ocultos».

En segundo lugar, la salvación por la gracia y los méritos de la expiación de Cristo todavía valen para los santos después del cierre de la gracia. Los creyentes todavía confían en los méritos de Cristo. La distinción que algunos tratan de hacer entre gracia salvadora y gracia sustentadora antes y después del cierre de la puerta de la gracia es completamente no bíblica. La Biblia no dice nada de eso. Lo que sea que pueda significar gracia salvadora y sustentadora, no vienen en paquetes separados, uno antes del cierre de la gracia y el otro después, o que la gracia salvadora es para los pecadores y la gracia sustentadora es para los que no tienen pecado. Ambas están disponibles en cualquier momento en la vida cristiana hasta el día del regreso de nuestro Señor.

El uso bíblico de la palabra “gracia” es uno. La gracia es el favor eterno y gratuito de Dios, manifestado hacia los culpables e indignos. La gracia está completamente aparte de cualquier suposición de dignidad humana y perfección sin pecado. La gracia pertenece adonde existe la pecaminosidad humana. Sobreabunda sobre la indignidad humana tal como la experimentan los santos incluso después del cierre de la gracia. Los pecadores son las únicas personas por las que se preocupa la gracia salvadora. Distingamos entre la gracia como un atributo de Cristo y la gracia como un método de salvación hecho posible por el sacrificio de Cristo.

La condición espiritual limitada e imperfecta de los santos descrita por la Sra. White requiere la aplicación de los méritos expiatorios de nuestro Señor y la disponibilidad de la justicia de Cristo. El estado de los santos se describe como debilidad, insuficiencia y mérito. La corrupción de la naturaleza pecaminosa es manifiesta en los santos en este cuerpo mortal. Consecuentemente, durante el tiempo de angustia de Jacob, temor y temblor, la debilidad y la indignidad reflejan su propia insuficiencia y estado pecaminoso. Sin embargo, el Dios eterno es su refugio. Cada momento ellos viven y son salvados por la maravillosa gracia de Dios. No hay evidencia en ningún lugar de las Escrituras o en el espíritu de profecía que indique el más mínimo cambio en la salvación por la gracia ministrada cada día a los santos.

Incluso una vez que cese la obra de intercesión de Cristo y todos los casos hayan sido decididos, Dios no está un paso más alejado de nosotros. Por el contrario, está más cerca de lo que siempre ha estado. Si la justicia de Dios en Cristo está disponible, entonces, también lo está su gracia salvadora. La implicación de que Cristo está de alguna forma, por el cese de su ministerio mediador, en una relación diferente con su pueblo, es falsa. Los que piensan de otra manera no logran captar la doctrina bíblica de la salvación por la gracia después del cierre de la gracia. Pablo nos la da en 2 Corintios 12:9: “Y me ha dicho: ‘Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad’”. Lo que Pablo experimentó no es diferente de nosotros hoy o de cualquier momento anterior a la segunda venida de Cristo.

Acechando incómodamente cerca, bajo la falsa enseñanza de la perfección sin pecado, se encuentra eso que de alguna manera esta gracia salvadora no es necesaria, que uno debe realmente tener esa perfección sin pecado para estar seguro. Este siempre ha sido el problema para los que no se conforman con el reconocimiento de su estado de pecaminosidad actual. Con el cierre de la gracia, de pronto vemos nuestra propia fuerza dada vuelta, convertida en debilidad como lo describe la Sra. White, para que no tengamos que seguir viviendo como una ley sobre nosotros, sino que hay un pueblo que vive solo por Cristo. La experiencia de los santos después del cierre de la gracia revela de manera concluyente que ser salvo es librarse de la locura de implantar nuestro ego firmemente en el centro. A pesar de sus afirmaciones por lo contrario, los que apoyan la doctrina de la perfección sin pecado se aferran a ella para que su debilidad e indignidad terminen en poder antes del regreso de Cristo.

La salvación por gracia no es de ninguna forma una cura. La obra de la gracia no es un encantamiento mágico. El apóstol Pablo lo aprendió. No es algo que, con el fin del tiempo de gracia, garantice que nunca más tendremos otro problema espiritual. Esto es evidente por la descripción de la Sra. White del estado de los santos. La gracia salvadora llama a los santos a reconocer su estado pecaminoso hasta el regreso de Cristo. Cristo nos dice que no hay salida, excepto saber que su gracia es suficiente en medio de nuestra debilidad y estado pecaminoso.

Lo que es seguro acerca de nuestro fin después del cierre de la gracia no es que nuestras vidas son mágicamente transformadas a impecabilidad por sobre la lucha y la agonía en el mundo y los ataques del enemigo. Lo que pasa es que la liberación se hace completa en nuestra debilidad. Su gracia no nos libera de la debilidad de nuestro estado pecaminoso. La fe trae la seguridad y el poder salvador de Dios en nuestra debilidad. Pero son su fuerza y poder, no los nuestros. No puede ser de las dos maneras. Si un hombre no tiene pecado, entonces ya no está bajo la gracia. Si está bajo la gracia, entonces es porque todavía tiene pecado. Unas palabras de la Sra. White pueden merecer ser consideradas acerca de los métodos y enseñanzas inapropiadas.

“Hay quienes toman de la Palabra de Dios, y también de los testimonios, párrafos aislados u oraciones que se pueden interpretar para adaptarlos a sus ideas, se detienen en ellos y se fundamentan en su posición, cuando Dios no los está guiando.

Ud. toma pasajes de los testimonios que hablan de la terminación del tiempo de gracia, del zarandeo entre el pueblo de Dios, y Ud. habla del surgimiento de entre este pueblo de un pueblo más puro y más santo que se levantará. Todo esto agrada al enemigo. No debemos tomar innecesariamente un rumbo que haga diferencias o cree disensiones. No debiéramos dar la impresión de que si no se siguen nuestras ideas particulares, es porque les falta comprensión y fe a los ministros, y porque ellos están caminando en la oscuridad” (Mensajes selectos, t. 1, p. 210).

  1. “Entonces el santuario será purificado”

“Y él dijo: ‘Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado’” (Dan. 8:14).

Que sea notorio que del texto y el pasaje de la Escritura la purificación del Santuario en Daniel 8:14 de ninguna manera puede ser identificado con el corazón y la mente humanos. Este santuario y esta purificación no tienen nada que ver con la purificación de los corazones y las vidas humanas, como algunos afirman.  Tal visión está en completa contradicción con la clara cita de la Sra. White sobre “lo que es el santuario” en El conflicto de los siglos, páginas 405-416. Ella declara que este santuario es el “verdadero tabernáculo” en el cielo, al cual señalaba el santuario terrenal (El conflicto de los siglos, p. 469). Que algunos maestros estén equivocados es obvio por el hecho de que en Daniel 8, la profanación del santuario celestial es realizada por el cuerno pequeño al quitar el continuo. El cuerno pequeño pisotea el santuario y el ejército.

“Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ‘¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados?’” (Dan. 8:13).

La respuesta a esa pregunta se da en el versículo 14: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”.

La doctrina de la perfección sin pecado suele estar basada en la falsa interpretación de la “purificación” del santuario y la expiación final. Si la perfección sin pecado será alcanzada por los santos al fin del tiempo de gracia, entonces, el pecado original también debe ser erradicado. Esto se hace al hacer los “pecados de ignorancia” (Lev. 4) el equivalente del pecado original, del que se encarga la purificación final.

Tanto el significado hebreo de la palabra como el contexto bíblico muestran cuán equivocados están los que abogan por tal punto de vista en el uso de la Escritura. Las palabras “pecados de ignorancia” se refieren a pecados cometidos inadvertidamente, inconscientemente (ver Deut. 19:4; Jos. 20:3, 5; Núm. 35:11, 15; Lev. 22:14). El uso del Antiguo Testamento de este término cubre los pecados inadvertidos en contraste con los cometidos con mano levantada o desafiantemente. No tienen nada que ver con el pecado en el inconsciente y el estado natural de pecaminosidad del hombre. El término “pecados de ignorancia” está muy lejos en el tiempo y significado para alguna referencia al pecado original de los santos que estén viviendo en los últimos días.

Debemos estar en guardia y orar mucho por la guía divina para que no caigamos bajo el juicio de Cristo cuando dijo “[…] Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (Mat. 22:29).

 

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