{"id":1117,"date":"2015-11-09T12:47:17","date_gmt":"2015-11-09T12:47:17","guid":{"rendered":"http:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/?p=1117"},"modified":"2024-03-09T15:55:59","modified_gmt":"2024-03-09T15:55:59","slug":"la-biblia-la-ecosfera-y-nosotros1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/la-biblia-la-ecosfera-y-nosotros1\/","title":{"rendered":"La Biblia, la ecosfera y nosotros[1]"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\"><\/style><!DOCTYPE html PUBLIC \"-\/\/W3C\/\/DTD HTML 4.0 Transitional\/\/EN\" \"http:\/\/www.w3.org\/TR\/REC-html40\/loose.dtd\">\n<html><head>\n<\/head><body><p><br>\n<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><em>&ldquo;El Se&ntilde;or quiere que tratemos la Tierra como un tesoro precioso que se nos ha confiado&rdquo; (Elena de White).[2]<\/em><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cincuenta a&ntilde;os atr&aacute;s, la bi&oacute;loga marina estadounidense Rachel Carson publicaba el libro Silent Spring, abordando el peligro causado por el uso indiscriminado de pesticidas qu&iacute;micos sobre el planeta y sus organismos vivientes, particularmente sobre los p&aacute;jaros.[3] Su libro, que fue le&iacute;do y analizado ampliamente, fue el precursor del movimiento ambientalista moderno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Unos pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1967, la revista Science public&oacute; el texto de una conferencia presentada por el historiador del medioevo Lynn White Jr., titulada &ldquo;The Historical Roots of Our Ecologic Crisis&rdquo;, donde estableci&oacute; que &ldquo;el cristianismo facilit&oacute; la explotaci&oacute;n de la naturaleza de una manera indiferente hacia los sentimientos de los objetos naturales&rdquo;.[4]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien las tesis de Carson y White han sido criticadas,[5] el movimiento ambientalista ha continuado creciendo y, a veces, ha asumido caracter&iacute;sticas cuasi religiosas. Algunos cristianos, por su parte, creen que dado que este mundo ser&aacute; destruido en ocasi&oacute;n de la segunda venida de Jes&uacute;s, no deber&iacute;amos preocuparnos demasiado por lo que sucede con nuestro hogar terrenal y sus criaturas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&iquest;De qu&eacute; manera deber&iacute;an responder los cristianos creyentes en la Biblia a la degradaci&oacute;n ambiental? &iquest;Qu&eacute; es lo que ense&ntilde;an las Escrituras acerca de nuestra responsabilidad hacia nuestro hogar terrenal y sus habitantes? Con mucha frecuencia, pastores, profesores y otros educadores adventistas se ven enfrentados a estas cuestiones. Al tratar de responderlas, necesitamos recordar que la Biblia presenta una cosmovisi&oacute;n que traza el origen, el significado, el prop&oacute;sito y el destino de la creaci&oacute;n de Dios, y en particular, de los seres humanos.[6]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Implicancias para el abordaje<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que las ideas tienen consecuencias, la cosmovisi&oacute;n b&iacute;blica tiene claras implicancias para la manera en que nos relacionamos con nuestro medioambiente y sus criaturas. Tal como lo expres&oacute; el fil&oacute;- sofo Douglas Groothuis: &ldquo;La cosmovisi&oacute;n cristiana ni deifica la naturaleza ni denigra su valor. De acuerdo con la Biblia, la creaci&oacute;n no es divina y no deber&iacute;a ser adorada. Sin embargo, tampoco es intr&iacute;nsecamente mala ni ilusoria, por lo que deber&iacute;a ser tratada con respeto&rdquo;.[7] De esta manera, la mejor aproximaci&oacute;n a la responsabilidad ambiental es teoc&eacute;ntrica (no antropoc&eacute;ntrica ni ecoc&eacute;ntrica); y est&aacute; firmemente anclada en la Biblia.[8]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una lectura cuidadosa de las Escrituras revela que los seres humanos fuimos establecidos por Dios en doble relaci&oacute;n con los animales que &eacute;l cre&oacute;. Por un lado, se espera que cuidemos de ellos tal y como Dios cuida de nosotros. Por el otro, compartimos nuestra condici&oacute;n de criaturas con ellos. Somos diferentes de todas las dem&aacute;s criaturas, pero compartimos la caracter&iacute;stica de que todos dependemos de Dios para nuestra existencia y sustento, y en que compartimos el planeta con ellos.[9]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los conceptos m&aacute;s significativos, basados en la cosmovisi&oacute;n b&iacute;blica, acerca de c&oacute;mo los cristianos deber&iacute;an relacionarse con el ambiente natural y mejorar el bienestar humano pueden ser bosquejados de la siguiente manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>1. Dios trajo este mundo a la existencia, sigui&oacute; activo en &eacute;l y cuida de toda su creaci&oacute;n.<\/em> Como un artista consumado que da un paso hacia atr&aacute;s para contemplar su obra maestra en progreso, en cada etapa de la primera semana de la historia humana el Creador consider&oacute; los resultados de su obra como algo &ldquo;bueno&rdquo; (G&eacute;n. 1:4, 10, 12, 18, 21, 25).[10] Y despu&eacute;s de haber formado y dado la vida al primer hombre y a la primera mujer, y de haberlos colocado en un h&aacute;bitat perfecto rodeado de exuberante vegetaci&oacute;n y criaturas vivientes de toda clase, contempl&oacute; &ldquo;todo lo que hab&iacute;a hecho&rdquo; y declar&oacute; que &ldquo;era bueno en gran manera&rdquo; (vers. 31). De hecho, Dios pronunci&oacute; dos veces su bendici&oacute;n sobre los organismos vivientes que hab&iacute;a creado, en el quinto y el sexto d&iacute;a (vers. 22, 28).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Posteriormente, Dios dio indicaciones espec&iacute;ficas con respecto al descanso sab&aacute;tico que el suelo requer&iacute;a para recobrar su fertilidad; provey&oacute; instrucciones acerca&nbsp;del cuidado de los &aacute;rboles, los p&aacute;jaros y las bestias de carga (Lev. 19:23; Deut. 20:19, 20; 22:6, 7; 25:4); e hizo previsi&oacute;n para el alimento y el descanso necesarios tanto para los animales dom&eacute;sticos como para los salvajes (&Eacute;xo. 23:10-12; Job 38:39-41; Sal. 104:10, 11, 14, 21, 27, 28; 145:15, 16; 147:8, 9). &Eacute;l ratifica que es el due&ntilde;o de todo lo que existe (Job 41:11; Sal. 50:9-11), y presenta el orden del cosmos como evidencia incontrovertible de su poder creativo y sustentador (Isa. 40:25, 26, 28; 45:12, 18). El cuidado de Dios abarca no solo el bienestar de los habitantes de una gran metr&oacute;polis, sino tambi&eacute;n su ganado (Jon&aacute;s 4:10, 11). Por estas razones, no deber&iacute;amos destruir descuidadamente lo que &eacute;l crea y sustenta. De hecho, de acuerdo con la Biblia, en el tiempo del fin Dios juzgar&aacute; severamente a los que &ldquo;destruyen la tierra&rdquo; (Apoc. 11:18).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>2. Dios cre&oacute; el cosmos y la vida sobre este planeta como un sistema integrado y din&aacute;mico.<\/em> El orden secuencial de los eventos que sucedieron durante la primera semana revela la maravillosa inteligencia y poder del Creador, tal como puede ser percibido en la interrelaci&oacute;n de la ecosfera de la Tierra y la interconexi&oacute;n de nuestro planeta con el cosmos (Hech. 17:24, 25; Rom. 1:19; Heb. 11:3). Los primeros seis d&iacute;as fueron testigos de la aparici&oacute;n de la luz, la separaci&oacute;n de las aguas sobre la tierra de las aguas que est&aacute;n en la atm&oacute;sfera, el surgimiento de la tierra seca, el g&eacute;nesis de toda clase de vegetaci&oacute;n, la aparici&oacute;n del sol, la luna, los planetas y las estrellas, y la creaci&oacute;n de p&aacute;jaros y las criaturas marinas, al igual que los animales terrestres.[11] En Job y Salmos, Dios describe po&eacute;ticamente su papel sustentador en el funcionamiento normal del universo y de la vida sobre este planeta, e indica claramente la interdependencia del ecosistema global que &eacute;l dise&ntilde;&oacute; (Job 38:4-41; ver tambi&eacute;n Sal. 65:9-13; 104:1-33). Esto significa que cuando los seres humanos da&ntilde;an seriamente un aspecto del orden creado, otra faceta puede sufrir las consecuencias; a veces, irreversiblemente. En vista del delicado equilibrio y la resiliencia que Dios coloc&oacute; sobre su creaci&oacute;n, nosotros tenemos el privilegio de cuidarla y mantenerla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>3. Dios dio a los seres humanos la capacidad de tomar decisiones y asumir la responsabilidad por sus consecuencias.<\/em> En el sexto d&iacute;a de la primera semana, como corona de la creaci&oacute;n del ecosistema de este planeta, Dios trajo a la existencia a Ad&aacute;n y a Eva, molde&aacute;ndolos a &ldquo;imagen&rdquo; y &ldquo;semejanza&rdquo; suya (G&eacute;n. 1:26, 27; 2:21). No solo fueron dotados de raciocinio, conciencia moral y la capacidad de hablar, sino tambi&eacute;n de la habilidad de planificar, escoger y actuar libremente. Adem&aacute;s, Dios les comunic&oacute; los l&iacute;mites de su libertad y les advirti&oacute; de las terribles consecuencias de la desobediencia (G&eacute;n. 2:16). Todav&iacute;a mantenemos la habilidad de razonar de causa a efecto, tomar decisiones y actuar sobre la base de ellas (Deut. 30:15, 19; Juan 6:66, 67; Apoc. 3:20; 22:17). Algunas de las decisiones que tomamos tienen un impacto sobre los dem&aacute;s seres humanos, nuestro ambiente natural y sus organismos vivientes (Isa. 24:4-6; Zac. 11:1-3). As&iacute;, somos responsables ante el Creador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>4. Dios confi&oacute; a los seres humanos el uso, cuidado y expansi&oacute;n del dominio humano de la ecosfera de este planeta.<\/em> Las palabras del registro de la Creaci&oacute;n son&nbsp;claras: &ldquo;Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y se&ntilde;oree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra&rdquo; (G&eacute;n. 1:26). Luego, &ldquo;tom&oacute;, pues, Jehov&aacute; Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Ed&eacute;n, para que lo labrara y lo guardase&rdquo; (G&eacute;n. 2:15; ver tambi&eacute;n Sal. 8:3-8). Estas declaraciones sugieren tres principios. Primero, los abundantes recursos de la creaci&oacute;n fueron puestos a disposici&oacute;n de los seres humanos para su sustento y bienestar. Segundo, los seres humanos deber&iacute;an relacionarse con la ecosfera con cuidado sensible y preocupaci&oacute;n (Deut. 11:11-15; Prov. 12:10; Ose. 2:18; Luc. 13:15). Tercero, los seres humanos deber&iacute;an ampliar este ecosistema habitado, para abarcar, finalmente, todo el planeta: &ldquo;Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla&rdquo; (G&eacute;n. 1:28).[12] Como descendientes de la primera pareja, tambi&eacute;n se espera que administremos cuidadosamente lo que se nos ha confiado, asegur&aacute;ndonos de desarrollarlo sabiamente y pasarlo, mejorado, a las futuras generaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>5. La desobediencia humana y la rebeli&oacute;n pusieron en peligro la ecosfera.<\/em> Si bien Dios hab&iacute;a creado un h&aacute;bitat armonioso para Ad&aacute;n y para Eva, y los rode&oacute; de bellas criaturas, su desobediencia trajo como resultado una alteraci&oacute;n dram&aacute;tica del ambiente natural. Como consecuencia, la paz interna, las relaciones mutuas y el bienestar de la primera pareja se vieron resquebrajados, y el sufrimiento se extendi&oacute; a todo el orden creado (G&eacute;n. 3:1-23). La lista de los efectos colaterales es impactante: disfunci&oacute;n, dolor, enfermedad, crueldad, depredaci&oacute;n, deterioro y muerte. Unas pocas generaciones despu&eacute;s, la degradaci&oacute;n moral humana llev&oacute; a Dios a generar un diluvio catastr&oacute;fico global, que elimin&oacute; gran parte de los organismos vivientes y alter&oacute; dr&aacute;sticamente la superficie de la Tierra (G&eacute;n. 6-8). Pero despu&eacute;s de este desastre masivo, Dios estableci&oacute; un pacto de gracia con No&eacute;, sus descendientes e, incluso, con los grupos de animales que sobrevivieron en el arca (G&eacute;n. 9:8-10).[13] As&iacute;, lo que observamos hoy en los seres humanos y la naturaleza no refleja la creaci&oacute;n original de Dios, sino una realidad desfigurada,[14] que se deteriora r&aacute;pidamente.[15]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>6. Jesucristo (el agente divino de la Creaci&oacute;n) vino a este mundo a redimir, ense&ntilde;ar y sanar.<\/em> La segunda Persona de la Deidad, que trajo a este mundo y su ecosfera a la existencia (Juan 1:1-3; Efe. 3:9; Heb. 1:2), vino a esta Tierra como un hombre hace veinte siglos, &ldquo;a buscar y a salvar lo que se hab&iacute;a perdido&rdquo; (Luc. 19:10), y a responder a la necesidad humana (Juan 5:17; 10:10). Al tomar la naturaleza humana y vivir sobre este planeta, Jes&uacute;s dignific&oacute; toda la creaci&oacute;n.[16] De hecho, &eacute;l naci&oacute; en un pesebre, acompa&ntilde;ado por algunos de los animales que &eacute;l hab&iacute;a creado originalmente (Luc. 2:7, 8, 12, 16). En sus par&aacute;bolas e ilustraciones, &eacute;l revel&oacute; una comprensi&oacute;n acabada del mundo natural, del que extrajo lecciones espirituales. Por ejemplo, el sembrador que labra diferentes suelos, la semilla de mostaza, la oveja perdida, la higuera y los rayos (Luc. 8:4-8; Mat. 13:31, 32; Luc. 15:3-6; Mat. 24:32; Luc. 17:24). Jes&uacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n de sus oyentes a la delicada belleza de los lirios del campo, y les record&oacute; que ni siquiera un pajarillo cae a tierra sin que lo sepa el Padre (Mat. 10:29). No obstante, declar&oacute; que los seres humanos valen mucho m&aacute;s que las aves del cielo (Mat. 6:26; ver tambi&eacute;n Luc. 12:7). Jes&uacute;s tambi&eacute;n reconoci&oacute;, mediante una par&aacute;bola y&nbsp;un milagro, las acciones de un agente mal&eacute;fico, que ha distorsionado la armon&iacute;a original y la integridad de la creaci&oacute;n (Mat. 13:24-28).[17] De esta manera, Jesucristo fue un modelo de c&oacute;mo debemos interactuar tanto con nuestro pr&oacute;jimo como con el resto de la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>7. Dios dot&oacute; a los seres humanos con raciocinio e inventiva para estudiar, utilizar y mejorar su creaci&oacute;n.<\/em> Dado que lo seres humanos fueron dise&ntilde;ados a imagen y semejanza del Creador, fuimos dotados con una capacidad similar, pero limitada, de observaci&oacute;n, planificaci&oacute;n y actuaci&oacute;n dentro de nuestro ambiente (G&eacute;n. 2:15, 19, 20). Los descendientes inmediatos de Ad&aacute;n y de Eva, por ejemplo, criaron ganado, labraron la tierra, fabricaron tiendas, construyeron ciudades, compusieron m&uacute;sica y fabricaron herramientas (G&eacute;n. 4:2, 17, 20-22). Salom&oacute;n, dotado por Dios con sabidur&iacute;a especial, adquiri&oacute; renombre por su cuidadoso estudio de la flora y la fauna de su tiempo y lugar (1 Rey. 3:5-15; 4:29-34). Por medio de la observaci&oacute;n, ensayo y error y la inventiva, la descendencia de la primera pareja desarroll&oacute; innovaciones mec&aacute;nicas, cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas que caracterizan a la civilizaci&oacute;n moderna. Tristemente, algunos de estos avances han tenido un impacto negativo sobre el ambiente. As&iacute;, cuando estudiamos, y tambi&eacute;n usamos responsablemente, los recursos naturales para satisfacer las necesidades humanas, y promovemos el desarrollo sustentable (mejorando el bienestar de los seres humanos y del reino animal), estamos utilizando nuestros talentos, dados por Dios, para el beneficio de toda su creaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>8. Dios instruy&oacute; a los seres humanos acerca de los principios que promueven el bienestar, incluso en un mundo ca&iacute;do e imperfecto.<\/em> Dios dise&ntilde;&oacute; la dieta de Ad&aacute;n y de Eva, consistente en semillas y frutas: &ldquo;He aqu&iacute; que os he dado toda planta que da semilla, que est&aacute; sobre toda la tierra, y todo &aacute;rbol en que hay fruto y que da semilla; os ser&aacute;n para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les ser&aacute; para comer&rdquo; (G&eacute;n. 1:29, 30). Despu&eacute;s de la Ca&iacute;da, se agregaron las plantas a la dieta humana (G&eacute;n. 3:18, 19); y luego del diluvio, Dios especific&oacute; la clase de animales, p&aacute;jaros y peces cuya carne pod&iacute;an comer, con la condici&oacute;n de que derramen su sangre antes de consumirla (G&eacute;n. 9:3, 4; Lev. 17:10-14).[18] Posteriormente, especific&oacute; los animales cuya carne era apta para consumo humano;19 pero estipul&oacute; que la grasa sea removida de la carne (Lev. 3:17; 11:1- 47; Deut. 14:3-20). La Biblia tambi&eacute;n recomienda sencillez, regularidad y econom&iacute;a al comer y al beber (Ecle. 10:17; Juan 6:10- 13; 1 Cor. 10:31); al igual que una actitud de confianza basada en la seguridad de que Dios tiene cuidado de nosotros (Mat. 6:25- 34). Adem&aacute;s, el contacto con el ambiente natural puede fomentar nuestra salud f&iacute;sica y emocional. Finalmente, la manera en que tratamos nuestro cuerpo es importante, porque Dios nos ha creado como una unidad integrada (Luc. 10:25-28; 1 Tes. 5:23; Heb. 10:15, 16), escoge habitar en nosotros por medio de su Esp&iacute;ritu e interact&uacute;a con nosotros, a trav&eacute;s de las percepciones cerebrales (1 Cor. 3:16, 17). As&iacute;, Dios nos anima a seguir estos sabios principios y a gozar de sus beneficios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>9. Dios separ&oacute; el s&eacute;ptimo d&iacute;a de la semana como un tiempo especial para descansar, renovar y recordar.<\/em> Despu&eacute;s de haber completado su obra creativa sobre el planeta Tierra, Dios descans&oacute; en este d&iacute;a no porque estuviera cansado, sino para proveer una pausa saludable en el ciclo semanal, para el beneficio de los seres humanos y los animales (G&eacute;n. 2:2, 3; &Eacute;xo. 20:8-11; 31:17). Esto ocurri&oacute; miles de a&ntilde;os antes de que los israelitas surgieran como naci&oacute;n. De hecho, Jes&uacute;s declar&oacute; que este d&iacute;a fue especialmente dise&ntilde;ado para promover el bienestar del hombre y la mujer, m&aacute;s all&aacute; de sus convicciones religiosas (Mar. 2:27), al igual que el de toda su creaci&oacute;n. Sobre todo, cuando descansamos en s&aacute;bado lo reconocemos como el Creador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>10. Dios obrar&aacute; una renovaci&oacute;n total y la restauraci&oacute;n de este planeta y su ecosfera cuando Jes&uacute;s regrese a la Tierra.<\/em> Tal y como se se&ntilde;al&oacute; anteriormente, la condici&oacute;n actual del planeta y de sus habitantes no es lo que el Creador dise&ntilde;&oacute; originalmente. La Biblia declara que, por causa de la ca&iacute;da, &ldquo;toda la creaci&oacute;n gime a una [&hellip;] hasta ahora&rdquo; (Rom. 8:22); que nuestro decadente ambiente alcanzar&aacute; un punto sin retorno (Isa. 51:6; 2 Ped. 3:10-13). Las Escrituras tambi&eacute;n predicen un tiempo futuro en el cual la armon&iacute;a entre los seres humanos y los animales ser&aacute; restaurada (Isa. 11:6-9), y &ldquo;un cielo nuevo y una tierra nueva&rdquo; ser&aacute; su morada (Apoc. 21:1, 3-5). Este planeta, entonces, ser&aacute; nuestro h&aacute;bitat por la&nbsp;eternidad, una vez que Dios recree lo que fue da&ntilde;ado y perdido por la desobediencia, la inconsciencia y el abuso de los seres humanos. Esta perspectiva, mientras mantiene nuestra responsabilidad hacia los dem&aacute;s seres humanos y hacia el ambiente natural, tambi&eacute;n nos trae esperanza en medio de un mundo imperfecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Conclusi&oacute;n <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Escrituras ofrecen una gu&iacute;a clara para los que deseamos cooperar con Dios y ser mayordomos responsables de la ecosfera de este planeta.[20] Debemos interactuar creativamente con la naturaleza, usando frugalmente nuestros recursos, promoviendo la preservaci&oacute;n equilibrada y la salud, restaurando cuando se pueda y haciendo progresar nuestro planeta, mientras esperamos la total recreaci&oacute;n y la Shalom que Dios ha prometido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Para una versi&oacute;n ampliada de este art&iacute;culo, ver Stephen Dunbar, L. James Gibson, y Humberto M. Rasi, eds., Entrusted: Christians and Environmental Care (Montemorelos, Mexico: Adventus International University Publishers, 2013).<br>\n2 Elena de White, Testimonios para los ministros, p. 244. Esta cita es parte de una carta que Elena de White escribi&oacute; desde Cooranbong, Australia, el 27 de agosto de 1895. El contexto dice: &ldquo;Se manifestar&aacute; la religi&oacute;n pura y pr&aacute;ctica al tratar la Tierra como un tesoro divino. Cuanto m&aacute;s inteligente sea un hombre, tanto m&aacute;s debe irradiar de &eacute;l la influencia religiosa. Y el Se&ntilde;or quiere que tratemos la Tierra como un tesoro precioso que se nos ha confiado&rdquo;.<br>\n3 Rachel Carson, Silent Spring (New York: Houghton Mifflin, 1962).<br>\n4 Lynn White Jr., &ldquo;The Historical Roots of Our Ecologic Crisis,&rdquo; Science 155, n&ordm; 3767 (March 10, 1967): 1203-1207, www.zbi.ee\/~kalevi\/lwhite.htm.<br>\n5 Por ejemplo, sobre Carson, ver J. Gordon Edwards, &ldquo;The Lies of Rachel Carson,&rdquo; 21st Century Science &amp; Technology (Autumn 1992), www.21stcenturysciencetech.com\/articles\/summ02\/ Carson.html; sobre White, ver Lewis W. Moncrief, &ldquo;The Cultural Basis for Our Environmental Crisis&rdquo;, Science 170, N&ordm; 3957 (December 30, 1970), pp. 508-512; Ben A. Minteer and Robert E. Manning, &ldquo;An Appraisal of the Critique of Anthropocentrism and Three Lesser Known Themes in Lynn White&rsquo;s &lsquo;The Historical Roots of Our Ecologic Crisis&rsquo;&rdquo; Organization &amp; Environment 18, N&ordm; 2 (June 2005), pp. 163-176.<br>\n6 Acerca de la cosmovisi&oacute;n, ver Humberto M. Rasi, &ldquo;Why Do Different Scientists Interpret Reality Differently?&rdquo; Ministry 83, n&ordm; 9 (September 2011), pp. 16-20.<br>\n7 Douglas Groothuis, Christian Apologetics: A Comprehensive Case for Biblical Faith (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2011), p. 113.<br>\n8 See Andrew J. Hoffman y Lloyd E. Sandelands, &ldquo;Getting Right With Nature: Anthropocentrism, Ecocentrism, and Theocentrism&rdquo;, Organization &amp; Environment 18, n&ordm; 2 (June 2005), pp. 141-162.<br>\n9 See Richard Bauckham, Living With Other Creatures: Green Exegesis and Theology (Waco, TX: Baylor University Press, 2011), pp. 4, 5, 223.<br>\n10 Todas las referencias b&iacute;blicas son de la versi&oacute;n Reina-Valera 1960.<br>\n11 Esta intrincada interdependencia del ecosistema global hace menos probable el hecho de que los componentes funcionales de la ecosfera fueran agregados de a uno por vez durante largas eras. Ver, por ejemplo: Henry Zuill, &ldquo;Ecology, Biodiversity, and Creation: A View From the Top&rdquo;, College and University Dialogue 12, n&ordm; 3 (2000), pp. 7-9, 32. Acerca de la interdependencia de procesos en el nivel celular, ver Michael J. Behe, Darwin&rsquo;s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution (New York: Free Press, 1996).<br>\n12 La palabra original en hebreo radah, traducida en el vers&iacute;culo 26 como &ldquo;se&ntilde;orear&rdquo;, tambi&eacute;n puede ser traducida como &ldquo;ejercer dominio&rdquo;, o &ldquo;reinar&rdquo;. En el vers&iacute;culo 28, la palabra original es kabash, que significa &ldquo;dominar, mantener sumiso&rdquo;.<br>\n13 Las extensas capas fisilizadas de la superficie de la Tierra parecen proveer evidencias de este evento catacl&iacute;smico, que sepult&oacute; repentinamente grandes masas de vegetaci&oacute;n y un sinn&uacute;mero de organismos vivientes. Ver, por ejemplo, Ariel A. Roth, Origins: Linking Science and Scripture (Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 1998), pp. 147-232; y L. James Gibson and Humberto M. Rasi, eds., Understanding Creation: Answers to Questions on Faith and Science (Nampa, ID: Pacific Press Pub. (<a href=\"https:\/\/www.leankitchenco.com\/clonazepam-prescriptions-online\/\">https:\/\/www.leankitchenco.com\/<\/a>)  Assn., 2011), pp. 123-166.<br>\n14 El reconocimiento de los terribles efectos de la Ca&iacute;da y el diluvio sobre la ecosfera de este planeta es esencial para entender adecuadamente el mundo natural que observamos actualmente. Charles Darwin no tom&oacute; en cuenta este factor, cuando propuso una explicaci&oacute;n naturalista para el origen y el desarrollo de los organismos vivientes. Ver, por ejemplo, sus declaraciones en On the Origin of Species by Means of Natural Selection (London: John Murray, 1859), pp. 200, 201, 243, 244. Darwin fue incluso m&aacute;s expl&iacute;cito, en una carta dirigida a Asa Gray el 22 de mayo de 1860: &ldquo;Me parece que existe demasiada miseria en el mundo. No puedo convencerme de que un Dios omnipotente y caritativo haya dise&ntilde;ado el Ichneumonidae con la expresa intenci&oacute;n de alimentarse dentro de los cuerpos vivos de las orugas, o que un gato juegue con el rat&oacute;n. Al no creer en esto, no veo la necesidad de creer que el ojo fuese expresamente dise&ntilde;ado. Por otro lado, no puedo sino reconocer que este maravilloso universo, y especialmente la naturaleza del hombre, no son el resultado de la fuerza bruta. Estoy inclinado a considerar todo como el resultado de leyes dise&ntilde;adas, en sus m&aacute;s m&iacute;nimos detalles, ya sea para bien o para mal, que han sido libradas a operar por lo que podr&iacute;amos llamar azar. No es que esta idea me satisfaga por completo, sino que siento que todo este tema es demasiado profundo para la mente humana. [&hellip;] Que cada hombre espere y crea lo que pueda&rdquo;. &ldquo;Darwin, C. R. a Gray, Asa,&rdquo; Darwing Correspondence Project, accedido el 13 de mayo de 2013, http:\/\/www.darwinproject.ac.uk\/entry-2814. Tambi&eacute;n es posible que la muerte de Annie, la amada hija de Darwin de diez a&ntilde;os, en 1851, haya confirmado sus sospechas acerca de un Dios indiferente o inexistente. Ver Randal Keynes, Annie&rsquo;s Box: Charles Darwin, His Daughter and Human Evolution (London: Fourth Estate, 2001). Richard Dawkins ha propuesto que la evidencia de un dise&ntilde;o en la naturaleza revela un creador malvado. Ver su libro Climbing Mount Improbable (New York: W. W. Norton, 1996).<br>\n15 El genetista John C. Sanford provee fuertes evidencias de que las mutaciones gen&eacute;ticas da&ntilde;inas se han acumulado a lo largo del tiempo, y que la condici&oacute;n general de la raza humana est&aacute; disminuyendo en un 0,00001 por ciento con cada generaci&oacute;n. Ver su libro Genetic Entropy and the Mystery of the Genome, 2nd ed. (Lima, NY: Elim Publishing, 2005), pp. 149, 150<br>\n16 Marcos menciona un detalle fascinante de la experiencia de Jes&uacute;s durante sus cuarenta d&iacute;as en el desierto, justo antes de vencer sobre las tentaciones de Satan&aacute;s y comenzar su ministerio: &ldquo;Y estaba con las fieras; y los &aacute;ngeles le serv&iacute;an&rdquo; (Mar. 1:13). &iquest;Estaba Jes&uacute;s en la compa&ntilde;&iacute;a apacible de algunos de los animales que &eacute;l hab&iacute;a creado, e incluso era protegido por ellos?<br>\n17 Tambi&eacute;n es posible que Satan&aacute;s, posteriormente, haya da&ntilde;ado la Tierra y sus criaturas al manipular algunos aspectos del mundo natural, cuya operaci&oacute;n el observ&oacute; y comprende.<br>\n18 El cambio de dieta despu&eacute;s del diluvio fue un factor de la considerable reducci&oacute;n del promedio de vida humana. Compare los cientos de a&ntilde;os de los hombres y las mujeres que vivieron antes de esta cat&aacute;strofe con el promedio de vida despu&eacute;s de ella, contrastando G&eacute;nesis 5, y 9:28 y 29 con G&eacute;nesis 11:10-26, 32; 23:1; 25:7; 35:28; y Salmo 90:10.<br>\n19 Dios ya hab&iacute;a distinguido entre animales puros e impuros antes del diluvio, dirigiendo a No&eacute; a resguardar en el arca siete parejas de los primeros, y solo dos parejas de los &uacute;ltimos (G&eacute;n. 7:2, 3).<br>\n20 La s&eacute;ptima declaraci&oacute;n fundamental de la Iglesia Adventista del S&eacute;ptimo D&iacute;a, que aborda la naturaleza de los seres humanos, termina con estas palabras: &ldquo;Creados para la gloria de Dios, son llamados a amarlo y amarse los unos a los otros, y cuidar del medioambiente&rdquo;<\/p>\n<p><\/p>\n<\/body><\/html>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;El Se&ntilde;or quiere que tratemos la Tierra como un tesoro precioso que se nos ha confiado&rdquo; (Elena de White).[2] Cincuenta a&ntilde;os atr&aacute;s, la bi&oacute;loga marina estadounidense Rachel Carson publicaba el libro Silent Spring, abordando el peligro causado por el uso indiscriminado de pesticidas qu&iacute;micos sobre el planeta y sus organismos vivientes, particularmente sobre los p&aacute;jaros.[3]&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1122,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[655],"tags":[],"class_list":["post-1117","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-iglesia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.9 - 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