{"id":1147,"date":"2015-11-17T05:14:03","date_gmt":"2015-11-17T05:14:03","guid":{"rendered":"http:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/?p=1147"},"modified":"2015-11-16T17:16:22","modified_gmt":"2015-11-16T17:16:22","slug":"la-cruz-y-el-santuario-realmente-necesitamos-los-dos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/la-cruz-y-el-santuario-realmente-necesitamos-los-dos\/","title":{"rendered":"La cruz y el Santuario: \u00bfRealmente necesitamos los dos?"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\"><\/style><!DOCTYPE html PUBLIC \"-\/\/W3C\/\/DTD HTML 4.0 Transitional\/\/EN\" \"http:\/\/www.w3.org\/TR\/REC-html40\/loose.dtd\">\n<html><body><p style=\"text-align: justify;\">En su libro Right With God Right Now [Justos para con Dios justo ahora], Desmond Ford argumenta que la expiaci&oacute;n fue completada en la cruz y que no existe necesidad de acciones subsecuentes en el Santuario celestial para que la salvaci&oacute;n sea totalmente experimentada por el creyente. Sobre la base de Romanos 3:21 al 26, enfatiza que Dios no podr&iacute;a haber perdonado el pecado hasta que su penalidad fuera pagada, y por esta raz&oacute;n la cruz era necesaria para dar a Dios el derecho de perdonar. No es que Dios est&eacute; controlado por una ley ajena a s&iacute; mismo, afirma Ford; no lo est&aacute;. Dios es controlado por lo que &eacute;l es; lo que significa que su Ley no es otra cosa que la expresi&oacute;n externa de su propio car&aacute;cter. La cruz, por lo tanto, era necesaria, concluye Ford, y en ella contra el que se pec&oacute; pag&oacute; la pena, de tal manera que el pecado puede ser perdonado y salvado.[1]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de las diversas dificultades que representa Romanos 3:21 al 26, la interpretaci&oacute;n de Ford de este pasaje no origina mayores problemas; pero &iquest;es posible concluir, de estos vers&iacute;culos, que la cruz es donde la expiaci&oacute;n fue completada y que es todo lo que Dios necesita? El ministerio de Jes&uacute;s en el Santuario celestial, tal y como lo postula la teolog&iacute;a adventista, &iquest;est&aacute; en contradicci&oacute;n con sus logros en el calvario? &iquest;Es que verdaderamente impide al creyente tener la plena seguridad de la salvaci&oacute;n aqu&iacute; y ahora?[2]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Consideraciones preliminares <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por la forma en que Romanos 3:21 al 26 resume el concepto de Pablo de la justificaci&oacute;n por la fe, estos vers&iacute;culos han sido descritos como el coraz&oacute;n y el centro de Romanos.[3] Este pasaje aparece justo despu&eacute;s de una larga secci&oacute;n en la que el ap&oacute;stol deja indiscutiblemente en claro que toda la humanidad &ndash;ya sea jud&iacute;os o gentiles&ndash; es pecadora y, de esta manera, es responsable ante Dios (1:18-3:20). Pero, entonces llegan las buenas noticias: la justificaci&oacute;n salvadora de Dios se ha revelado dram&aacute;ticamente en la muerte expiatoria de Jesucristo, como la &uacute;nica respuesta posible al problema del hombre generado por el pecado (vers. 21-26). Sin embargo, esta respuesta es eficaz solo para los que creen (vers. 22). La fe no es la condici&oacute;n para la justificaci&oacute;n, sino el instrumento por medio del cual el pecado recibe justificaci&oacute;n.[4] Por esta raz&oacute;n, toda jactancia humana queda excluida (vers. 27). La fe establece la incapacidad de la Ley, no su nulidad (vers. 31); adem&aacute;s de anular la confianza propia en cualquier clase de logro humano (vers. 28, 29).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al hablar de la muerte de Jes&uacute;s (&ldquo;su sangre&rdquo; es una clara referencia a ella: vers. 25), Pablo utiliza dos met&aacute;foras con el fin de explicar sobre qu&eacute; fundamento Dios justifica al pecador. La objeci&oacute;n impl&iacute;cita parece obvia: &iquest;c&oacute;mo puede un Dios justo justificar al injusto sin comprometer su misma justicia? La respuesta proviene de la primera met&aacute;fora: la <em>redenci&oacute;n<\/em> (<em>apolytr&otilde;sis<\/em>, vers. 24b), que fuera aplicada a los esclavos que eran comprados en la plaza p&uacute;blica con el prop&oacute;sito de que puedan ser liberados. Cuando suced&iacute;a esto, se dec&iacute;a que hab&iacute;an sido redimidos (ver Lev. 25:47-55). Se utiliza esta misma met&aacute;fora en el Antiguo Testamento, aplicada al pueblo de Israel, que fue redimido tanto de la cautividad egipcia como babil&oacute;nica (Deut. 7:8; Isa. 43:1). De la misma manera, aquellos que eran esclavos del pecado y completamente incapaces de libertarse a s&iacute; mismos han sido redimidos por Dios, o librados de su cautividad, por medio de la sangre de Jes&uacute;s, que fue derramada para pagar el precio del rescate (ver Mar. 10:45; 1 Ped. 1:18, 19; Apoc. 5:9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda met&aacute;fora es la <em>propiciaci&oacute;n, o expiaci&oacute;n (hilast&ecirc;rion<\/em>: Rom. 3:25), tomada del contexto de la adoraci&oacute;n; m&aacute;s precisamente, el sacrificio. La propiciaci&oacute;n, o expiaci&oacute;n, apunta al car&aacute;cter sustitutivo de la muerte de Jes&uacute;s, en el sentido de que &eacute;l experiment&oacute; voluntariamente en la cruz toda la intensidad de la ira de Dios en contra del pecado (1:18; 5:9; 1 Tes. 1:10),[5] efectuando as&iacute; la reconciliaci&oacute;n entre el pecador y Dios. La muerte es la paga del pecado (Rom. 6:23; ver Eze. 18:20). Pero as&iacute; como el sacrificio animal, en el Antiguo Testamento, tomaba el lugar del pecador y mor&iacute;a en su lugar (Lev. 17:10, 11; ver G&eacute;n. 22:13), la muerte de Jes&uacute;s fue el sacrificio antit&iacute;pico perfecto, que libera al creyente de la maldici&oacute;n de la Ley (G&aacute;l. 3:10, 11, 13; ver 2 Cor. 5:14, 15; Heb. 2:9) y lo reconcilia con Dios. Hab&iacute;a diversos sacrificios en la vida religiosa de Israel, y todos ellos se&ntilde;alaban al gran sacrificio, realizado de una vez y para siempre, de Jesucristo (Heb. 9:12, 26-28; 10:12), &ldquo;el cordero de Dios que quita el pecado del mundo&rdquo; (Juan 1:29; ver Isa. 53:5, 6).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La justicia de Dios <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz&aacute;s el tema m&aacute;s controversial en nuestro pasaje es si la justicia de Dios, o &ldquo;su justicia&rdquo; en los vers&iacute;culos 25 y 26, tiene el mismo significado que en los vers&iacute;culos 21 y 22. La interpretaci&oacute;n tradicional, que parece armonizar mejor con el contexto, es que <em>dikaiosyn&ecirc; autou<\/em> en estos vers&iacute;culos se refiere a un atributo de Dios, dando a entender que Dios es justo, mientras que en los vers&iacute;culos 25 y 26 debe ser tomado como un don de Dios, la justicia que imputa a los que creen.[6] Si esto es as&iacute;, los vers&iacute;culos 25 y 26 difieren de los vers&iacute;culos 21 y 22 en el sentido de que Pablo ya no est&aacute; hablando acerca de lo que Dios ha hecho para justificar al pecador, sino de lo que ha hecho para justificarse o vindicarse &eacute;l mismo. En otras palabras, lo que Pablo est&aacute; haciendo aqu&iacute; es presentar un argumento racional para la necesidad de la muerte de Jes&uacute;s. Esto describe por qu&eacute; usa el t&eacute;rmino forense endeixis (prueba\/ demostraci&oacute;n) dos veces en este contexto (vers. 25, 26), mientras que en el vers&iacute;culo 21 utiliza la forma pasiva del verbo phanero&otilde; (revelar\/hacer conocer). Estos dos t&eacute;rminos no son equivalentes. Mientras que phanero&otilde; enfatiza lo que es revelado, es decir, el sujeto del verbo en s&iacute; mismo &ndash;de ah&iacute; la voz pasiva, exactamente como en apokalypt&otilde; de 1:17&ndash;, endeixis siempre se&ntilde;ala hacia algo m&aacute;s (ver 2 Cor. 8:24), tratando de establecer su validez, o persuadiendo para que su verdad sea aceptada.[7]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto, la idea enfatiza que Dios estableci&oacute; a Cristo como hilast&ecirc;rion &ldquo;en este tiempo&rdquo; (vers. 26a) &ndash;el tiempo de la muerte hist&oacute;rica de Jes&uacute;s&ndash;, a fin de probar su justicia porque, en su &ldquo;paciencia&rdquo; (anoch&ecirc;), &eacute;l &ldquo;pas&oacute; por alto&rdquo; (paresis) los pecados que previamente hab&iacute;an sido cometidos (vers. 25).[8] Para Pablo, al hacer esto, Dios cre&oacute; para s&iacute; mismo un problema legal, dado que un Dios justo no puede simplemente &ldquo;limpiar la culpa&rdquo; (&Eacute;xo. 34:7; ver Deut. 25:1). Hiciera lo que hiciese, podr&iacute;a ser acusado de connivencia con el pecado; lo que significar&iacute;a la negaci&oacute;n de su naturaleza.[9]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero &iquest;de qu&eacute; manera exactamente Dios pas&oacute; por alto los pecados? De acuerdo con la interpretaci&oacute;n tradicional, que se remonta a Anselmo de Canterbury en el siglo XI, Dios pas&oacute; por alto los pecados al no castigarlos.10 Pero parece haber un problema aqu&iacute;, porque &iquest;de qu&eacute; manera la cruz prueba la justicia de Dios en relaci&oacute;n&nbsp;con los pecados antes cometidos y no castigados? A menos que Pablo se est&eacute; refiriendo a los que han sido justificados, el argumento no tiene sentido. Debemos recordar que: 1) los pecados no son castigados hoy m&aacute;s que ayer; 2) todos los pecadores del Antiguo Testamento tarde o temprano dejaban de existir, por lo que, en un sentido, se podr&iacute;a decir que ya hab&iacute;an sido castigados; y 3) en tiempos del Antiguo Testamento, Dios no siempre dejaba sin castigo los pecados, tal y como Pablo mismo lo dice (Rom. 1:24-32; ver 5:12-14; 6:23; 7:13; 1 Cor. 10:5, 8, 10).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto, el ap&oacute;stol parece tener en mente a los <em>pecadores arrepentidos que han sido justificados por Dios antes de la cruz.<\/em> Una evidencia de esto, adem&aacute;s de <em>endeixis<\/em>, es la conexi&oacute;n entre la justicia de Dios y su derecho a justificar en el vers&iacute;culo 26. La idea, entonces, no es simplemente que Dios se refren&oacute; de castigar los pecados cuando deber&iacute;a haberlo hecho, sino que &ldquo;pas&oacute; por alto&rdquo; estos pecados al justificar, sin respaldo legal, por as&iacute; decirlo (ver Heb. 10:4), a quienes los cometieron.[11] Este fue el caso, por ejemplo, de Abraham y David (ver Rom. 4:1-8). Al perdonar los pecados en un tiempo en que la sangre propiciatoria todav&iacute;a no hab&iacute;a sido derramada (ver Heb. 9:15), Dios puso su propio car&aacute;cter en juego, generando serias dudas acerca de su supuesta justicia (Sal. 9:8; Isa. 5:16).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As&iacute;, si la intenci&oacute;n de Dios al presentar a Jesucristo como <em>hilast&ecirc;rion<\/em> fue demostrar su justicia, de modo que en el &ldquo;tiempo presente&rdquo; &eacute;l pudiera ser tanto el justo como el que justifica a los que creen en Jes&uacute;s (Rom. 3:26b), la consecuencia es que en el pasado &eacute;l fue solo una de las dos cosas: solo el que justifica, sugiriendo que no era justo cuando actu&oacute; de esta manera. La noci&oacute;n de que Dios no actu&oacute; justamente, o con justicia, parece blasfema, pero este es el significado de las palabras de Pablo en este pasaje. &Eacute;l emplea un lenguaje forense para describir las implicancias de la manera en que Dios trat&oacute; con los pecados del pasado. Por extensi&oacute;n, en el presente tambi&eacute;n, porque no existe duda de que el pecado es un problema del ser humano pero, una vez perdonado, se convierte en un problema de Dios. Dios es quien tiene que dar explicaciones por ello, dado que quiz&aacute; no haya nada m&aacute;s contradictorio que su acto de justificar al imp&iacute;o (4:5). Pero, la Biblia deja en claro que Dios tambi&eacute;n es amor, y la tensi&oacute;n entre amor y justicia ha sido resuelta en la cruz (5:6-11).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La cruz y el Santuario <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una cosa es clara en Romanos 3:21 al 26: la cruz otorga a Dios el derecho de perdonar y de justificar. La cruz es todo lo que Dios necesita para implementar la salvaci&oacute;n. En la cruz, todos los sacrificios del Antiguo Testamento encontraron su cumplimiento, incluyendo el que era ofrecido en el D&iacute;a de la Expiaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, necesitamos de una doctrina del Santuario celestial, tal y como lo afirma la Iglesia Adventista?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra griega <em>hilast&ecirc;rion<\/em> tambi&eacute;n es utilizada en el Nuevo Testamento para denotar la tapa de oro que era colocada sobre el arca del testimonio en el Lugar Sant&iacute;simo del Santuario israelita (Heb. 9:5; comparar con &Eacute;xo. 25:17-22, LXX). El arca era el s&iacute;mbolo supremo de la presencia de Dios entre su pueblo. Generalmente llamada &ldquo;propiciatorio&rdquo;, esa tapa, que era protegida por las alas de dos querubines, era de hecho el lugar en que se realizaba la segunda de las dos fases del ritual de la propiciaci&oacute;n, o expiaci&oacute;n.12 En la primera fase, los pecados eran perdonados y luego transferidos al Santuario (Lev. 4:3-7, 13-18, 22-25, 27-30). En la segunda fase, que suced&iacute;a una vez al a&ntilde;o, en el D&iacute;a de la Expiaci&oacute;n, el Santuario era purificado de esos pecados (16:15-19). De hecho, el D&iacute;a de la Expiaci&oacute;n no estaba relacionado con el perd&oacute;n: el t&eacute;rmino no aparece en Lev&iacute;tico 16 ni en 23:27 al 32. El D&iacute;a de la Expiaci&oacute;n era el evento en que el Santuario (y las personas) eran purificados y los pecados, final y definitivamente borrados (ver 16:29-34; 23:27-32).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esta raz&oacute;n, el perd&oacute;n y la eliminaci&oacute;n de los pecados no son lo mismo. El perd&oacute;n, que era real y efectivo, se adquir&iacute;a por medio de los sacrificios regulares (Lev. 17:10, 11), cuando los pecados eran transferidos al Santuario; es decir, a Dios mismo. &ldquo;Dios asume la culpa del pecado para poder declararlo justo. Si Dios perdona al pecador, &eacute;l carga con la culpa&rdquo;.[13] Despu&eacute;s, los pecados deb&iacute;an ser eliminados, cosa que se realizaba en el D&iacute;a de la Expiaci&oacute;n. Por lo tanto, dos cosas necesitan ser vindicadas: el derecho de Dios de perdonar y la pertinencia de que el pecador sea perdonado, lo que es, nada m&aacute;s y nada menos, su aceptaci&oacute;n fiel del perd&oacute;n divino. En otras palabras, el perd&oacute;n tiene dos aspectos: el de quien provee el perd&oacute;n y el de&nbsp;quien recibe el perd&oacute;n. En lo que ata&ntilde;e a la salvaci&oacute;n, los dos aspectos deben ser justificados: el de Dios, o de otra manera ser&iacute;a acusado de arbitrariedad; y el aspecto humano, o por lo contrario caer&iacute;amos en el universalismo, que es la idea de que toda la humanidad finalmente ser&aacute; salva. Si la salvaci&oacute;n es por fe, necesita ser aceptada. As&iacute;, tal y como el sacrificio justifica la prerrogativa de Dios de perdonar (Rom. 3:25, 26), se necesita de alguna clase de examinaci&oacute;n para poder demostrar que el perd&oacute;n ha sido verdadera y fielmente aceptado. Solo cuando ambos aspectos del perd&oacute;n son total y claramente vindicados, Dios puede ser finalmente librado de la &ldquo;culpa&rdquo; (la responsabilidad legal).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esto es que necesitamos tanto de la cruz como del Santuario, el sacrificio y&nbsp;el verdadero D&iacute;a de la Expiaci&oacute;n. En ese d&iacute;a (el d&iacute;a m&aacute;s importante del calendario religioso israelita, dado que se&ntilde;alaba <em>la purificaci&oacute;n final tanto del pueblo como del Santuario<\/em>), se requer&iacute;a que todo el pueblo cesara de trabajar y humillara su alma en completa sumisi&oacute;n a Dios (Lev. 23:27). Aquellos que no siguieran estas instrucciones, lo que implicaba alguna forma de escrutinio, deb&iacute;an ser cortados y destruidos, aun cuando hubiesen sido perdonados anteriormente (vers. 29, 30). En la cruz, Dios mismo llev&oacute; sobre s&iacute; el castigo del pecador (1 Cor. 15:3; 2 Cor. 5:14, 15; 1 Ped. 2:24; 3:18). Pag&oacute; el precio, y derram&oacute; su sangre propiciatoria para nuestra salvaci&oacute;n. Esta es la raz&oacute;n por la cual Jes&uacute;s tuvo que morir, si hemos de ser salvos. Y en el Santuario se verificaba el compromiso humano para con Dios, a fin de demostrar que &eacute;l ten&iacute;a el derecho de perdonar a esta o a aquella persona. De ninguna manera la cruz puede probar que Dios es justo cuando justifica a una persona pecadora; el aspecto humano del perd&oacute;n. <em>La cruz habilita a Dios a perdonar<\/em>. Como sacrificio de la expiaci&oacute;n, la cruz fue perfecta y completa; pero esto solo no puede vindicar nuestro compromiso con Jesucristo como nuestro Salvador. Se necesita de algo m&aacute;s:&nbsp;proveer expiaci&oacute;n en su etapa final. Y all&iacute; es cuando entra en escena el Santuario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Santuario, entonces, no est&aacute; re &ndash; lacionado con las obras, tanto como el perd&oacute;n no est&aacute; relacionado con las obras. Pablo mismo lo deja absolutamente en claro en Romanos 8:31 al 39. Al ser acu &ndash; sados de inelegibilidad para la salvaci&oacute;n por causa de sus pecados, quienes han puesto su confianza en Jes&uacute;s pueden descansar en la seguridad de que &eacute;l est&aacute; intercediendo por ellos ante Dios. No tie &ndash; nen nada que temer, dado que nada po &ndash; dr&aacute; separarlos &ldquo;del amor de Dios, que es en Cristo Jes&uacute;s Se&ntilde;or nuestro&rdquo; (vers. 39; ver 1 Juan 1:9). La salvaci&oacute;n no es para siempre pero, aparte de nosotros mismos, no existe nada en el mundo entero que pueda separarnos de la salvaci&oacute;n de Dios (ver Juan 6:37). &ldquo;Acerqu&eacute;monos con co &ndash; raz&oacute;n sincero, en plena certidumbre de fe [&hellip;]. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesi&oacute;n de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometi&oacute;&rdquo; (Heb. 10:22, 23). Este es el mensaje del Santuario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Referencias <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Desmond Ford, Right With God Right Now: How God Saves People as Shown in the Bible&rsquo;s Book of Romans (Newcastle: Desmond Ford, 1999), pp. 3-55 (especialmente pp. 44, 47, 54, 55). En un punto de su discusi&oacute;n, Ford tambi&eacute;n est&aacute; reaccionando a la teor&iacute;a de la influencia moral, de acuerdo con la cual la cruz no fue realmente necesaria, y que la muerte de Jes&uacute;s no fue sino un gesto de parte de Dios para mostrar que nos ama, lo que significar&iacute;a que &eacute;l podr&iacute;a haber perdonado el pecado sin la cruz (pp. 44-48). El mayor argumento de Ford, sin embargo, es que &ldquo;el antiguo D&iacute;a de la Expiaci&oacute;n no hace referencia al siglo XIX. Se&ntilde;ala a la cruz de Cristo: all&iacute; es donde se realiz&oacute; la expiaci&oacute;n total y final. El calvario fue el &uacute;nico lugar de expiaci&oacute;n completa. Miramos solo al Calvario, no a un evento o una fecha inventada por el hombre&rdquo; (p. 55). Acerca de la teor&iacute;a de la influencia moral, ver John R. W. Stott, The Cross of Christ (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1986), 217-226.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Este ensayo sigue la interpretaci&oacute;n tradicional de la Reforma en cuanto a la doctrina de Pablo de la justificaci&oacute;n, particularmente con respecto a temas como &ldquo;las obras de la ley&rdquo; (Rom. 3:20; cf. G&aacute;l. 2:16; 3:2, 5, 10) &ndash;que se refiere al concepto de que puede ganarse el favor de Dios por medio de buenas obras y la obediencia a todas las prescripciones de la ley&ndash; y pistis Christou (Rom. 3:22, 26; ver G&aacute;l. 2:16, 20; 3:22; Fil. 3:9), que es entendido como la &ldquo;fe en Cristo&rdquo;, m&aacute;s que &ldquo;la fe [plenitud] de Cristo&rdquo;, tal y como es argumentado por la as&iacute; llamada nueva perspectiva sobre Pablo. Para una discusi&oacute;n introductoria a la nueva perspectiva sobre Pablo, ver Thomas R. Schreiner, New Testament Theology: Magnifying God in Christ (Grand Rapids, MI: Baker, 2008), pp. 528-534.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 C. E. B. Cranfield, A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Romans, (International Critical Commentary; Edinburgh: T&amp;T Clark, 1975), t. 1, p. 199.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 &ldquo;La fe es el ojo que lo contempla [a Cristo], la mano que recibe su don gratuito, la boca que bebe el agua de vida&rdquo; (John Stott, Romans: God&rsquo;s Good News for the World [Downers Grove, IL: InterVarsity, 1994],&nbsp;p.&nbsp;117).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 Acerca de la ira de Dios, ver Mark D. Baker y Joel B. Green, Recovering the Scandal of the Cross: Atonement in New Testament and Contemporary Contexts, segunda edici&oacute;n (Downers Grove, IL: InterVarsity, 2011), pp. 45-49, 70-83.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6 En apoyo de esta posici&oacute;n, ver D. A. Carson, &ldquo;Atonement in Romans 3:21-26: &lsquo;God Presented Him as a Propitiation&rsquo; &rdquo;, en The Glory of the Atonement: Biblical, Theological and Practical Perspectives, Charles E. Hill y Frank A. James III, eds. (Downers Grove, IL: InterVarsity, 2004), pp. 124, 125, 138.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7 BDAG, 332<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8 Se ha hecho el intento de traducir paresis como &ldquo;perd&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, muchos eruditos est&aacute;n convencidos de que no existe suficiente apoyo l&eacute;xico para esta traducci&oacute;n. Ver, por ejemplo, Sam K. Williams, Jesus&rsquo; Death as Saving Event: The Background and Origin of a Concept, Harvard Dissertations in Religion (Missoula, MT: Scholars Press, 1975), t. 2, pp. 23-25.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9 Tal como lo se&ntilde;ala William Barclay, &ldquo;lo natural ser&iacute;a decir: &lsquo;Dios es justo y, por lo tanto, condena al pecador como criminal&rdquo; (The Letter to the Romans, segunda edici&oacute;n [Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 1975], p. 69).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10 Ver tambi&eacute;n Leon Morris, The Epistle to the Romans (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1988), p. 183.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11 &ldquo;Dios &lsquo;pospone&rsquo; la pena completa que el pecado se merece en el Antiguo Pacto, permitiendo que el pecador permanezca ante &eacute;l sin que haya provisto una adecuada &lsquo;satisfacci&oacute;n&rsquo; de la demanda de su santa justicia&rdquo; (Douglas Moo, The Epistle to the Romans, NICNT [Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1995], p. 240).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12 Por esta causa, en muchos idiomas modernos, hilast&ecirc;rion en Hebreos 9:5, al igual que su equivalente hebreo en &Eacute;xodo 25:17 al 21 y otros pasajes del Antiguo Testamento (kapp&otilde;ret), es traducido como &ldquo;propiciatorio&rdquo;, como ya lo hab&iacute;a hecho Jer&oacute;nimo en la Vulgata Latina. &ldquo;Mercy seat&rdquo; (el &ldquo;trono de la misericordia&rdquo; en ingl&eacute;s) fue introducido por William Tyndale, bajo la influencia del alem&aacute;n Gnadensthul de la Biblia de Lutero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13 Martin Pr&ouml;bstle, Where God and I Meet: The Sanctuary (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2013), pp. 55.<\/p>\n<\/body><\/html>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su libro Right With God Right Now [Justos para con Dios justo ahora], Desmond Ford argumenta que la expiaci&oacute;n fue completada en la cruz y que no existe necesidad de acciones subsecuentes en el Santuario celestial para que la salvaci&oacute;n sea totalmente experimentada por el creyente. 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