{"id":4968,"date":"2020-09-21T11:45:56","date_gmt":"2020-09-21T11:45:56","guid":{"rendered":"https:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/?p=4968"},"modified":"2020-09-21T11:45:56","modified_gmt":"2020-09-21T11:45:56","slug":"principios-propuestos-para-una-mision-urbana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/principios-propuestos-para-una-mision-urbana\/","title":{"rendered":"Principios Propuestos para una Misi\u00f3n Urbana"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\"><\/style><!DOCTYPE html PUBLIC \"-\/\/W3C\/\/DTD HTML 4.0 Transitional\/\/EN\" \"http:\/\/www.w3.org\/TR\/REC-html40\/loose.dtd\">\n<html><body><p style=\"text-align: center;\"><strong>Principios propuestos para una misi&oacute;n urbana<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Kleber Gon&ccedil;alves<\/strong><\/p>\n<p>As&iacute; como la diferencia entre misioneros transculturales y la cultura destinada solo puede ser superada a trav&eacute;s del uso cuidadoso de la comunicaci&oacute;n, si la iglesia urbana desea tener &eacute;xito en comunicar el evangelio a los posmodernos es esencial entender la perspectiva posmoderna y algunos de los principios que pueden ser usados para producir un di&aacute;logo.<sup>9 <\/sup>Esta &uacute;ltima secci&oacute;n recomienda principios seleccionados que deben considerarse en una misi&oacute;n urbana sensible al posmodernismo. Entre ellos est&aacute;n los principios comunes, emp&iacute;ricos, antiguos para el futuro, de integraci&oacute;n y de narraci&oacute;n.<\/p>\n<p><strong>Principio de la comunidad<\/strong><\/p>\n<p>Aproximadamente 15 a&ntilde;os atr&aacute;s, reflexionando sobre la conferencia de 1989 de la Comisi&oacute;n de WCC para la Misi&oacute;n Mundial y Evangelizaci&oacute;n, en San Antonio Texas, el misi&oacute;logo David Bosch (1989, 137) observ&oacute; el surgimiento del tema de comunidad declarando que &ldquo;alcanzar a la comunidad pasar&aacute; a ser uno de los principales temas misiol&oacute;gicos&rdquo; en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Con el surgimiento de la condici&oacute;n posmoderna en mente, Bosch (1991, p. 472) reforz&oacute; su argumento en la <em>Transforming Mission<\/em>, afirmando que &ldquo;la comunidad es la principal portadora de la misi&oacute;n&rdquo;. Adem&aacute;s, al final de su libro publicado posteriormente en misiolog&iacute;a para la cultura occidental, Boch (1995, p. 60) escribi&oacute;:<\/p>\n<p>&ldquo;La cuesti&oacute;n sobre la viabilidad de un emprendimiento misionero para las personas occidentales depende de la cuesti&oacute;n de la naturaleza y de la vida de nuestras comunidades de adoraci&oacute;n locales en la medida en que facilitan un discurso en el cual se incentiva la participaci&oacute;n de las personas con su cultura&rdquo;.<\/p>\n<p>Por otro lado, el reconocimiento del fracaso del culto moderno individual tambi&eacute;n dio origen a la toma de consciencia de la importancia de la comunidad. Los estudiosos han reconocido la necesidad de comprender mejor la relaci&oacute;n entre los aspectos individuales y sociales de la existencia humana (GRENZ, 1992, p. 20). En lo que parece ser una contradicci&oacute;n, los posmodernos quieren tener la libertad individual, pero en el contexto de la comunidad. Leonard Sweet (1999, p. 34) presenta una paradoja afirmando que &ldquo;la b&uacute;squeda del individualismo nos llev&oacute; a este lugar de hambre por comunidad&rdquo;. Van Gelder (2000b, p. 38) agrega:<\/p>\n<p>&ldquo;Las personas moldeas por la perspectiva posmoderna tienden a estar en una caminata en busca de una comunidad. La promesa del Iluminismo de producir una libertad anticipada para el reconocimiento propio lleg&oacute; a ser para los individuos racionales una jaula de hierro del individualismo en el mundo posmoderno. Cualquier sentido de identidad o significado personal entr&oacute; en colapso. El resultado para muchos ha sido un deseo renovado de descubrir, encontrar y pertenecer a la comunidad. Existe un puente natural para que el evangelio sea proclamado por una comunidad cristiana atractiva que sabe aceptar a las personas donde est&aacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>En otras palabras, la generaci&oacute;n posmoderna est&aacute; m&aacute;s abierta a relacionarse que antes, apart&aacute;ndose del individualismo de la visi&oacute;n del mundo moderno en forma de Iluminismo en una actitud com&uacute;n posmoderna. En este contexto, y visto de una perspectiva de misi&oacute;n urbana, la b&uacute;squeda posmoderna de relaciones es de importancia fundamental. Como la urbanizaci&oacute;n y la globalizaci&oacute;n tienen su efecto sobre la sociedad, la mayor&iacute;a de los habitantes de las ciudades viven en diversos mundos culturales, con m&uacute;ltiples identidades y participan de varias comunidades. Aun as&iacute;, en la mayor&iacute;a de los casos su participaci&oacute;n en tales comunidades puede ser superficial o sin sentido.<\/p>\n<p><strong>La b&uacute;squeda de pertenencia<\/strong><\/p>\n<p>La condici&oacute;n posmoderna estuvo marcada por los efectos de las circunstancias familiares disfuncionales,<sup>10 <\/sup>que, en gran parte, lleva a las generaciones posmodernas m&aacute;s j&oacute;venes a buscar una pertenencia en lugares alternativos.<sup>11<\/sup> En la mayor&iacute;a de los casos esta es una b&uacute;squeda de ra&iacute;ces, una b&uacute;squeda de familia y amigos (CALLAHAN, 1990, p. 102).<\/p>\n<p>En &uacute;ltimo an&aacute;lisis, los posmodernos esperan encontrar lo que puede satisfacer su anhelo m&aacute;s profundo: un lugar donde pueden pertenecer y ser aceptados. Adem&aacute;s, parece que el colapso de la visi&oacute;n del mundo moderno realmente ha creado un deseo no solo por una comunidad, sino de intimidad (LONG, 1997, p. 137) en un contexto donde las personas pueden ser aceptadas y valoradas como son. Por otro lado, los posmodernos muchas veces entran en relaciones que les garantizan un sentimiento de pertenencia, pero al final solo aumentan el sentimiento de desesperaci&oacute;n y alienaci&oacute;n. Por ejemplo, no es sorprendente que las personas m&aacute;s j&oacute;venes est&eacute;n obsesionadas por sexo casual, siendo que les proporciona la oportunidad de intimidad f&iacute;sica y emocional sin los riesgos de da&ntilde;o emocional que viene a trav&eacute;s del compromiso y la vulnerabilidad.<sup>12<\/sup><\/p>\n<p>La intimidad posmoderna est&aacute; buscando extender una dimensi&oacute;n horizontal en direcci&oacute;n a las relaciones humanas y una dimensi&oacute;n vertical en direcci&oacute;n a lo sagrado o lo espiritual (WUTHNOW, 1994, p. 51). Desde el punto de vista de la misi&oacute;n cristiana, por lo tanto, la b&uacute;squeda posmoderna de espiritualidad es en &uacute;ltimo an&aacute;lisis la b&uacute;squeda de una relaci&oacute;n con Dios, que a su vez puede ser satisfecha por la experiencia de pertenecer a una comunidad de seguidores de Dios, la iglesia (GRENZ, 1999, p. 46).<\/p>\n<p><strong>La iglesia urbana como comunidad de pertenencia<\/strong><\/p>\n<p>La iglesia urbana es la comunidad cristiana designada por Dios para llevar adelante su misi&oacute;n a los centros urbanos del mundo. Como tal, desempe&ntilde;a un papel crucial en el cumplimiento de la misi&oacute;n posmoderna. Hunsberg (2002, p. 97) escribe: &ldquo;Esperar que la iglesia sea una comunidad es fundamental en el tiempo presente. La nueva generaci&oacute;n consecuente seguramente no tolerar&aacute; algo menos que eso&rdquo;. Grenz (1992, p. 20), a su vez, argumenta que &ldquo;la transici&oacute;n a una era posmoderna exige que repensemos la naturaleza de la iglesia, que busquemos una renovaci&oacute;n de nuestra visi&oacute;n de qui&eacute;nes somos como comunidad de Dios&rdquo;. Para eso, es esencial que la iglesia venga a comprender no solo su naturaleza misionera intr&iacute;nseca (ver BLAUW, 1962, p. 119-126), sino tambi&eacute;n su identidad comunitaria.<\/p>\n<p>Sin embargo, especialmente a causa de la creciente indiferencia hacia la religi&oacute;n institucionalizada, los posmodernos est&aacute;n a la b&uacute;squeda de una comunidad a la cual pertenecer antes de encontrar un menaje para creer. Richard Rice declara: &ldquo;La pertenencia es el elemento m&aacute;s importante en la vida cristiana. Prevalece sobre el creer y el actuar. Las creencias y pr&aacute;cticas son esenciales para la experiencia cristiana, claro, pero su caracter&iacute;stica central, el elemento m&aacute;s importante y amplio es la participaci&oacute;n en la vida de la comunidad&rdquo; (RICE, 2002, p. 204).<\/p>\n<p>En la comunidad, por lo tanto, los posmodernos pueden experimentar creencias a las que est&aacute;n expuestos. Entonces, pueden decidir afirmar p&uacute;blicamente esas creencias y seguir a Cristo intencionalmente. Mientras tanto, est&aacute;n a la b&uacute;squeda de una aceptaci&oacute;n y de un lugar seguro para expandir su propia identidad en el contexto de la comunidad (RICHARDSON, 2000, p. 99-100). Con el concepto de comunidad cristiana en mente, la misi&oacute;n de la iglesia hacia los individuos urbanos posmodernos debe tener una metodolog&iacute;a y un foco diferente. La iglesia urbana necesita emplear un enfoque mucho m&aacute;s relacional, un enfoque que, de acuerdo con Kimball (2003, p. 81), &ldquo;reconstruir&aacute; la confianza y se&ntilde;alar&aacute; a Jes&uacute;s como el &uacute;nico que puede ser siempre confiable&rdquo;. Comentando sobre la importancia de un enfoque adecuado en el desarrollo de una verdadera comunidad cristiana, Rice sostiene:<\/p>\n<p>&ldquo;S&iacute;, la pertenencia es fundamental para nuestra comprensi&oacute;n del cristianismo, sin embargo, el prop&oacute;sito de evangelismo no es convencer a las personas a cambiar sus ideas o sus acciones. Su meta es incorporarlas a la comunidad cristiana para compartir con ellos las ricas bendiciones de la comuni&oacute;n cristiana. Una vez que estamos conscientes de que pertenecer es nuestro objetivo principal, podemos mostrar que eso incluye creer y actuar, pero no vamos a hacer cambios en la creencia y en el comportamiento como un objetivo en s&iacute; mismo&rdquo; (RICE, 2002, p. 121).<\/p>\n<p>Por lo tanto, si se toma en serio, el desarrollo de una aut&eacute;ntica comunidad cristiana a trav&eacute;s de la iglesia local ser&aacute; la fundaci&oacute;n relacional b&aacute;sica para la misi&oacute;n urbana y el cuadro b&aacute;sico para el ministerio en un ambiente posmoderno.<\/p>\n<p><strong>Principio experiencial<\/strong><\/p>\n<p>Como ya fue mencionado en el cap&iacute;tulo cuatro del presente estudio, la b&uacute;squeda de experiencia espiritual es una de las tendencias caracter&iacute;sticas en el mundo occidental en el inicio del siglo 21 (ver SWEET, 1992, p. 33). Los posmodernos, afirma Sweet (2000, p. 49), &ldquo;est&aacute;n hambrientos por experiencias [espirituales]&rdquo;. Sin embargo, este aparente inter&eacute;s en cuestiones espirituales tiene m&aacute;s relaci&oacute;n con el sentimiento personal que con el inter&eacute;s en verdades espirituales. Los posmodernos pueden estar interesados en desvendar los problemas que lastiman el coraz&oacute;n, pero pueden no estar interesados en desarrollar creencias para su mente.<\/p>\n<p>La iglesia urbana, por lo tanto, debe considerar el desarrollo de experiencias espirituales que sean tangibles y reales. Compartir nuestra experiencia con Dios puede ser m&aacute;s eficaz que intentar convencer a las personas que ellas deben creer en Jes&uacute;s o en la Biblia. As&iacute;, como Richardson (2000, p. 51) se&ntilde;ala, para la mente posmoderna &ldquo;<em>la experiencia viene antes de la explicaci&oacute;n<\/em>&rdquo;. Sin embargo, es importante enfatizar que la experiencia no sustituye la explicaci&oacute;n, sino debe ser experimentada antes. Un abordaje sensible al posmodernismo para la misi&oacute;n urbana no debe transformarse en anti intelectual y renunciar a todo lo que fue alcanzado por la visi&oacute;n del mundo moderno basado en el iluminismo. Grenz (1996, p. 169) afirma:<\/p>\n<p>&ldquo;Ninguna experiencia ocurre en el vac&iacute;o; ninguna transformaci&oacute;n nos llega m&aacute;s all&aacute; de una interpretaci&oacute;n facilitada por el concepto, la &ldquo;trama de creencias&rdquo;, nosotros hacemos eso. Por el contrario, la experiencia y los conceptos interpretativos son rec&iacute;procamente relacionados. Nuestros conceptos facilitan nuestra comprensi&oacute;n de las experiencias que tenemos en la vida y nuestras experiencias modelan los conceptos interpretativos que empleamos para hablar sobre nuestras vidas.<sup>13<\/sup><\/p>\n<p>En este nuevo contexto para la misi&oacute;n, la iglesia urbana local debe disponer un ambiente en el que compartir una experiencia personal con Dios puede discernirse de manera tangible. Para este fin, en una sociedad occidental orientada cada vez m&aacute;s por imagen, una experiencia multisensorial con Dios puede ser de profunda relevancia para la mente posmoderna.<\/p>\n<p><strong>La b&uacute;squeda de una experiencia visual<\/strong><\/p>\n<p>La ascensi&oacute;n de formas visuales, simb&oacute;licas e interactivas de comunicaci&oacute;n es de gran importancia para la misi&oacute;n de la iglesia en la condici&oacute;n posmoderna emergente (ver WEBBER, 1999, p. 133). Mientras en el mundo moderno se afirma el proceso de comunicaci&oacute;n basada en palabras, en la condici&oacute;n posmoderna se orientan por im&aacute;genes (ver SWEET, 2000, p. 860). Como un gur&uacute; de negocios Peter Drucker (1989, p. 264) resalta, &ldquo;Trecientos a&ntilde;os atr&aacute;s, Descartes dijo: &lsquo;Pienso, luego existo&rsquo;. Ahora vamos a tener que decir tambi&eacute;n: &lsquo;Veo, luego existo&rsquo;. Desde Descartes, el &eacute;nfasis ha estado en lo conceptual. Cada vez m&aacute;s vamos a equilibrar lo conceptual y lo perceptual&rdquo;.<\/p>\n<p>As&iacute;, en un contexto urbano posmoderno, la est&eacute;tica se torn&oacute; el nuevo &ldquo;lenguaje del poder&rdquo; (SWEET, 2000, p. 93; ver MILLER, 2004, p. 55). Rodney Clapp (2000, p. 102) afirma que los posmodernos &ldquo;cada vez se apartan m&aacute;s de la palabra escrita y de los libros y se vuelven al poder de la imagen fotografiada, televisada y digitalizada&rdquo;. Mitchell Stephens (1998, p. xii), a su vez, cree que la imagen &ldquo;tiene el poder de llevarnos a nuevos horizontes y lugares filos&oacute;ficos nuevos, as&iacute; como la escritura lo hizo una vez, la impresi&oacute;n lo hace nuevamente&rdquo;. Escribiendo sobre el poder de las im&aacute;genes de video, Stephens (1998, p. xii) agrega:<\/p>\n<p>&ldquo;En el siglo XVI, el escritor franc&eacute;s Rabelais exclam&oacute;: &lsquo;La impresi&oacute;n [&hellip;] est&aacute; ahora en uso, tan elegante y correcta que no puede quedar mejor&rsquo;. Ya pas&oacute; casi medio milenio. Mi argumento, solo como indicaci&oacute;n, es que finalmente estamos listos para imaginar mejor y que una vez m&aacute;s producimos una forma de comunicaci&oacute;n suficientemente poderosa que nos ayuda a desarrollarnos en las formas de conocimientos mucho m&aacute;s avanzados&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Iglesia relevante<\/strong><\/p>\n<p>Jim Wilson (2002, p. 24) resalta que, en este nuevo contexto cultural, los posmodernos que buscan una experiencia espiritual no son creyentes en &ldquo;palabra&rdquo;, sino en personas que est&aacute;n buscando razones para creer o principios a seguir, o sea, son guiadas por la &lsquo;imagen&rsquo; que por mucho tiempo tratan de sincronizar su alma con Dios a trav&eacute;s de la belleza, ritmo e intuici&oacute;n. Prefieren la &ldquo;imagen&rdquo; a &ldquo;mil palabras&rdquo;. En la cultura posmoderna emergente, por lo tanto, el uso de met&aacute;foras y la b&uacute;squeda de conceptos visuales son elementos primordiales en el proceso de la comunicaci&oacute;n y los mismos principios y proposiciones cognitivas llegaron a la &lsquo;era moderna&rsquo;. Sweet (1999, p. 34) concuerda, &ldquo;las preposiciones se pierden en o&iacute;dos posmodernos; pero escuchan las met&aacute;foras y ven y entienden las im&aacute;genes&rdquo; (ver SWEET et al., 2003, p. 155).<\/p>\n<p>En el ambiente actual orientado por la imagen, sin embargo, la iglesia de un modo general no comenz&oacute; a abordar esta tendencia de comunicaci&oacute;n de forma adecuada (ver DOWSETT, 2000, p. 458). Por desgracia, la misi&oacute;n de la iglesia para las culturas posmodernas enfrent&oacute; serios problemas por su incapacidad de adaptar sus m&eacute;todos a esta nueva tendencia. En la mayor&iacute;a de los casos, las iglesias urbanas todav&iacute;a est&aacute;n abordando a los posmodernos de la manera tradicional, insistiendo solo en la utilizaci&oacute;n de palabras. Leonard Sweet y Brian McLaren (2003, p. 154-155) admiten:<\/p>\n<p>&ldquo;La iglesia tiene un problema de imagen. En una imagen donde todo es cultura, las im&aacute;genes han sustituido las palabras como un vern&aacute;culo cultural. La iglesia est&aacute; fuertemente &ldquo;logoc&eacute;ntrica&rdquo; (o sea, basada en palabras), nerviosa en torno de las im&aacute;genes y alienada en su propia imagen rica en <em>pedigree<\/em>. Esto contrasta con el hecho de que hasta los ni&ntilde;os de hoy est&aacute;n de manera sorprendente aprendiendo dentro de una tradici&oacute;n visual&rdquo;.<\/p>\n<p>Dado que la condici&oacute;n posmoderna emergente produce una generaci&oacute;n que aprende visualmente a trav&eacute;s de la televisi&oacute;n, las pel&iacute;culas e Internet, la iglesia debe ser tridimensional en sus m&eacute;todos de ense&ntilde;anza incorporando elementos visuales no como un sustituto para las palabras, sino en apoyo a ellas (KIMBALL, 2004, p. 188). Estas formas nuevas de comunicaci&oacute;n, afirma Stephens (1998, p. xii), &ldquo;deben ser reivindicad[as] como un m&eacute;todo visual distinto para compartir el evangelio&rdquo;. As&iacute;, la lecci&oacute;n para la iglesia es sencilla: las im&aacute;genes crean emociones y las generaciones posmodernas van a responder a la experiencia que ellas crearon (SWEET, 2000, p. 86). Anderson (1992), p. 21) se&ntilde;ala: &ldquo;El viejo paradigma ense&ntilde;&oacute; que si usted tiene la ense&ntilde;anza correcta, podr&aacute; experimentar a Dios. El nuevo paradigma dice que si usted experimenta a Dios tendr&aacute; la ense&ntilde;anza correcta&rdquo;. En la condici&oacute;n posmoderna, por lo tanto, la verdad tambi&eacute;n se expresa en im&aacute;genes (GUDER, 1998, p.37).<sup>14<\/sup><\/p>\n<p>Aun as&iacute;, la visi&oacute;n es el &uacute;nico elemento que debe ofrecer la iglesia sensible al posmodernismo para un encuentro experimental con Dios. Las iglesias urbanas han empleado cada vez m&aacute;s lo que se llama experiencia &ldquo;total&rdquo; o &ldquo;multisensorial&rdquo; en sus reuniones de adoraci&oacute;n a fin de atraer a los posmodernos para el mensaje del evangelio.<\/p>\n<p><strong>La iglesia urbana como experiencia multisensorial<\/strong><\/p>\n<p>Los seres humanos fueron creados por Dios con la capacidad de experimentar el mundo que nos rodea a trav&eacute;s de nuestros cinco sentidos. En el contexto de culto y adoraci&oacute;n, Kimball (2003, p. 128) alega: &ldquo;Dios nos cre&oacute; como criaturas multisensoriales y eligi&oacute; revelarse a nosotros a trav&eacute;s de todos nuestros sentidos. Por lo tanto, es natural que adoremos usando todos nuestros sentidos&rdquo;. Ese hecho es todav&iacute;a m&aacute;s significativo en la condici&oacute;n posmoderna.<\/p>\n<p>Los posmodernos est&aacute;n buscando por una integraci&oacute;n espiritual que va m&aacute;s all&aacute; del mero entretenimiento (CELEK; ZANDER, 1996, p. 67). Ellos est&aacute;n a la b&uacute;squeda de una experiencia espiritual que involucre todos los sentidos (ver KITCHENS, 2003, p. 51). Por esta raz&oacute;n, las experiencias de adoraci&oacute;n multisensoriales son extremamente atractivas para la mente posmoderna. Las generaciones posmodernas, afirma Kitchens (2003, p. 50-51), &ldquo;no est&aacute;n interesadas en un contacto &lsquo;mental&rsquo; [&hellip;] de adoraci&oacute;n que puede haber apelado a los cristianos modernos. Ellos simplemente quieren experimentar y sentir la presencia de Dios en la adoraci&oacute;n&rdquo;. Hudson (2004, p. 66) afirma: &ldquo;La adoraci&oacute;n en la era moderna est&aacute; totalmente enfocada en el aprendizaje sobre Dios. En la era posmoderna la adoraci&oacute;n se enfoc&oacute; en experimentar a Dios. Los posmodernos ven la adoraci&oacute;n como una cuesti&oacute;n del coraz&oacute;n y no de la cabeza&rdquo;.<\/p>\n<p>En toda la Escritura, Dios us&oacute; eventos multisensoriales para mejorar la ense&ntilde;anza verbal (KIMBALL, 2003, p. 188). La experiencia b&iacute;blica de adoraci&oacute;n, como est&aacute; representada tanto en el santuario del AT como en el templo de Jerusal&eacute;n, era mucho m&aacute;s que solo o&iacute;r las palabras de un mensaje que est&aacute; siendo presentado. Estas experiencias de adoraci&oacute;n retratan con representaciones gr&aacute;ficas de color, sabor, aroma, espacio y acci&oacute;n en la adoraci&oacute;n (por ejemplo: &Eacute;xo. 25-28; N&uacute;m. 16; Luc. 1:9, 10). En Apocalipsis 4, por ejemplo, &ldquo;el lenguaje utilizado invoca emoci&oacute;n y humor por su descripci&oacute;n est&eacute;tica del trono de Dios en el cielo&rdquo; (KIMBALL, 2004, p. 81). En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, la adoraci&oacute;n multisensorial incluye ver, o&iacute;r, probar, oler, tocar y experimentar. En la b&uacute;squeda de proporcionar un ambiente en el cual una experiencia experiencial\/multisensorial de Dios es posible, las iglesias sensibles al posmodernismo emergente deben incluir reflexi&oacute;n, silencio, canto, predicaci&oacute;n, y el uso de las artes en sus celebraciones de adoraci&oacute;n.<sup>15<\/sup><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>El concepto de futuro antiguo<\/strong><\/p>\n<p>Otra tendencia significativa que surgi&oacute; entre las iglesias sensibles al posmodernismo es una reincorporaci&oacute;n del pensamiento antiguo y pr&aacute;cticas cristianas en expresiones religiosas contempor&aacute;neas. En Inglaterra, este enfoque se llama &ldquo;ortodoxia radical&rdquo;; en Nueva Zelandia y Australia se describe como &ldquo;culto alternativo&rdquo;; en Am&eacute;rica del Norte se identifica como &ldquo;futura antigua fe&rdquo; (SWEET, 2000, p. 46). De acuerdo con Robert Webber, uno de los principales defensores del &ldquo;principio futuro antiguo&rdquo;, la proposici&oacute;n principal por detr&aacute;s de esa nueva tendencia reside en el hecho de que &ldquo;el camino al futuro atraviesa el pasado&rdquo; (WEBBER, 1999, p. 7).<sup>16<\/sup> En otras palabras, es un intento de reintroducir el cristianismo cl&aacute;sico en el contexto de la condici&oacute;n posmoderna emergente.<\/p>\n<p>La iniciativa de reafirmar el cristianismo primitivo, a fin de reavivar la presencia de la iglesia en las culturas contempor&aacute;neas, no es un desarrollo nuevo. Lo mismo sucedi&oacute; durante la Reforma Protestante del siglo XVI (WEBBER, 1999, p. 25). Sin embargo, la reforma testific&oacute; una reacci&oacute;n masiva contra el suntuoso simbolismo de la iglesia cat&oacute;lica, y como consecuencia directa &ldquo;el beb&eacute; fue echado fuera con el agua del ba&ntilde;o; el simbolismo de la adoraci&oacute;n sensorial fue totalmente rechazado en vez de ser reinventado&rdquo;. (STETZER, 2003, p. 147). Stetzer (2003, p. 147) se&ntilde;ala que, &ldquo;en muchos aspectos, el deseo posmoderno es imitar la acci&oacute;n de la Reforma, pero no su esencia. La recuperaci&oacute;n de la fe experiencial del pasado con sus s&iacute;mbolos sagrados y doxolog&iacute;a compartida une a personas de una forma que no es familiar para una sociedad individualista&rdquo;.<\/p>\n<p>La b&uacute;squeda del significado y la importancia de la vida en medio de la caracter&iacute;stica fragmentada y aislada de las sociedades urbanas occidentales abri&oacute; la puerta a un redescubrimiento del cristianismo cl&aacute;sico. Como resultado, Webber (1999, p. 27) afirma que &ldquo;el tipo de cristianismo que atrae a la nueva generaci&oacute;n de cristianos y habla de forma eficaz para un mundo posmoderno es aquel que enfatiza verdades primarias y aut&eacute;ntica personificaci&oacute;n&rdquo;, como se ha experimentado en las antiguas tradiciones de la iglesia primitiva.<\/p>\n<p><strong>La b&uacute;squeda de significado<\/strong><\/p>\n<p>En una sociedad urbana cada vez m&aacute;s pluralista y din&aacute;mica, un sentimiento de desraizar y de ansiedad ha contribuido a la b&uacute;squeda de un sentido de significado, especialmente entre las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes (GIBBS, 2000, p. 163)<sup>17<\/sup>. Como resultado directo, esa b&uacute;squeda de significado ha atra&iacute;do a los posmodernos a pr&aacute;cticas lit&uacute;rgicas antiguas de espiritualidad; como un retorno a la &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo;, no al &ldquo;tradicionalismo&rdquo; (GIBBS, 2000, p. 163). El rechazo posmoderno de la religi&oacute;n institucionalizada claramente se opone al formalismo y el lenguaje incomprensible del tradicionalismo de la iglesia; sin embargo, al mismo tiempo, los posmodernos tratan de redescubrir los elementos espirituales de la antigua tradici&oacute;n cristiana. Gibbs (2000, p. 161) destaca: &ldquo;Esta atracci&oacute;n est&aacute; destacada por el deseo de los j&oacute;venes de afirmar ra&iacute;ces que compensen la transitoriedad y la fragmentaci&oacute;n del mundo en que crecieron&rdquo;.<\/p>\n<p>La asociaci&oacute;n con el valor establecido y la riqueza de la tradici&oacute;n cristiana, especialmente cuando es reforzado en experiencias multisensoriales, conduce a los posmodernos a un punto de poder involucrarse en la jornada de conocer a Cristo y experimentar las alegaciones del cristianismo, as&iacute; como buscar el significado y la verdad para sus propias vidas (STETZER, 2003, p. 147). La atracci&oacute;n que tienen las disciplinas espirituales antiguas y los s&iacute;mbolos sobre la mente posmoderna puede ser un elemento eficaz en la comunicaci&oacute;n relevante del mensaje del evangelio, especialmente entre las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes (JONES, 2003, p. 4-7).<\/p>\n<p><strong>La iglesia urbana como comunidad &ldquo;futuro-antigua&rdquo;<\/strong><\/p>\n<p>En muchos aspectos semejantes a la condici&oacute;n posmoderna contempor&aacute;nea, el cristianismo cl&aacute;sico fue modelado en una sociedad pluralista, pagana, y relativista. Dentro de contexto occidental urbano actual, la iglesia moderna fall&oacute; al responder a muchas preguntas de los posmodernos. El inter&eacute;s contempor&aacute;neo en la tradici&oacute;n y el simbolismo, sin embargo, es una de las marcas del cambio posmoderno a la espiritualidad y a una perspectiva m&aacute;s tradicional de la iglesia (ver BAKER, 2004, p. 27-28; KIMBALL, 2003, p. 26). Kimball (2004, p. 91) escribe:<\/p>\n<p>&ldquo;El mundo posmoderno es un rico contexto cultural para la recuperaci&oacute;n de una visi&oacute;n cl&aacute;sica de la iglesia. El cambio de filosof&iacute;a de la raz&oacute;n al misterio provee una apertura a la discusi&oacute;n de una visi&oacute;n sobrenatural de la iglesia conectada a la obra de Cristo. El cambio del individualismo al significado de la iglesia como reflejo de la comunidad eterna de Dios expresada en la Trinidad; el &eacute;nfasis en la teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n, del lenguaje de im&aacute;genes y met&aacute;foras, nos permite recuperar las im&aacute;genes b&iacute;blicas y las marcas hist&oacute;ricas de la iglesia&rdquo;.<\/p>\n<p>Para las generaciones posmodernas emergentes, los s&iacute;mbolos son nuevos y significativos (GIBBS, 2000, p. 129), y debido a su &eacute;nfasis visual las formas simb&oacute;licas de comunicaci&oacute;n se volvieron un aspecto esencial para la forma posmoderna de pensar (WEBBER, 1999, p. 35), Webber 1999, p. 107) agrega:<\/p>\n<p>&ldquo;El papel del simbolismo en un mundo posmoderno no es el de recrear el simbolismo ceremonial de la era medieval, sino el de comprender y aplicar el simbolismo de la atm&oacute;sfera como el sentimiento de temor y reverencia. As&iacute; como para recuperar la belleza del espacio, y acciones simb&oacute;licas de la adoraci&oacute;n y restaurar los sonidos de la m&uacute;sica y la tracci&oacute;n de las artes. Esas formas simb&oacute;licas de la presencia y verdad de Dios son mediadas para nosotros. En esas acciones simb&oacute;licas, llevamos lo conocido y relevante a lo desconocido, para que sea desarrollado para nosotros como el misterio de lo trascendente&rdquo;.<\/p>\n<p>Para este fin, las iglesias urbanas con la sensibilidad del posmodernismo pueden emplear la pr&aacute;ctica de formas de adoraci&oacute;n antiguas y relevantes, as&iacute; como el renacimiento de la comprensi&oacute;n y ense&ntilde;anza sobre ra&iacute;ces jud&iacute;as de la fe cristiana. Por ejemplo, algunas de estas iglesias han incluido la Pascua como parte de su calendario de adoraci&oacute;n, aprovechando esta oportunidad para ense&ntilde;ar algunos aspectos de las pr&aacute;cticas del AT para las generaciones posmodernas emergentes (KIMBALL, 204, p. 93).<\/p>\n<p><strong>El principio de integraci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>La era moderna divide cada aspecto de la vida humana en &aacute;reas especializadas, lo que resulta en una sociedad fragmentada y desconectada. Esta divisi&oacute;n es todav&iacute;a m&aacute;s visible en una sociedad urbanizada y posmoderna. Los habitantes urbanos perdieron el sentido de todo, como todo se relaciona con todo el resto. Por otro lado, los seres humanos fueron creados como personas enteras, con dimensiones f&iacute;sicas, mentales y espirituales. Por esta raz&oacute;n, los posmodernos otorgan gran importancia a considerar la vida humana como un todo, mientras buscan incluir a todas las dimensiones de la vida humana en su experiencia personal. Poe afirma que &ldquo;la posmodernidad rechaz&oacute; el conocimiento y la segmentaci&oacute;n de la experiencia. Integraci&oacute;n y pensamiento hol&iacute;stico se convirtieron en caracter&iacute;sticas de la mente posmoderna emergente&rdquo; (POE, 2001, p. 28). Los posmodernos anhelan ese tipo de integraci&oacute;n. La verdad como una mera noci&oacute;n filos&oacute;fica y conceptual, sentida a trav&eacute;s de sentimiento y acci&oacute;n, no tiene sentido para ellos (RICHARDSON, 2000, p. 46). Como resultado directo, especialmente por causa de la conexi&oacute;n intr&iacute;nseca entre las dimensiones de la vida humana, no abordar la integraci&oacute;n de todas las dimensiones humanas trae serias consecuencias a los esfuerzos de la misi&oacute;n urbana en la condici&oacute;n posmoderna. Claerbaut afirma:<\/p>\n<p>&ldquo;La privaci&oacute;n en cualquiera de esas dimensiones tiene un efecto de amortecimiento sobre los dem&aacute;s, siendo que todas las partes est&aacute;n interrelacionadas e integradas. Sufrir f&iacute;sicamente hace dif&iacute;cil el buen funcionamiento psicol&oacute;gico. Deficiencias emocionales graves son a veces vistas como deficiencias f&iacute;sicas. Una vida espiritualmente est&eacute;ril siempre se revela en la depresi&oacute;n y en el bajo nivel de energ&iacute;a. As&iacute; como en la Teolog&iacute;a, no podemos dividir a las personas en partes, tambi&eacute;n en el ministerio no debemos disecar, sino servir a personas enteras. El alma sin el cuerpo es un fantasma; el cuerpo sin el alma es un cad&aacute;ver. En verdad, solo un abordaje hol&iacute;stico para el ministerio puede satisfacer las indicaciones b&iacute;blicas y las necesidades de la ciudad&rdquo; (CLAERBAUT, 1983, p. 17).<\/p>\n<p>Por lo tanto, un enfoque integrador en la misi&oacute;n se convierte en un elemento primordial en la respuesta a los anhelos de los habitantes urbanos que han sido cada vez m&aacute;s afectados por conceptos posmodernos. Este enfoque, sin embargo, no puede ser disociado de la presencia genuina de la iglesia urbana en la preocupaci&oacute;n de la comunidad. Solo cuando la iglesia sea real y presente, una caracter&iacute;stica b&aacute;sica que los posmodernos est&aacute;n buscando, ser&aacute; revelada de manera aut&eacute;ntica.<\/p>\n<p><strong>La b&uacute;squeda de la autenticidad<\/strong><\/p>\n<p>La autenticidad es indispensable para los posmodernos emergentes, y eso se hace realidad solo cuando la iglesia es real y presente. Esta &ldquo;presencia&rdquo; es a lo que se refieren los misi&oacute;logos como ministerio encarnador, lo que significa que la iglesia debe ser parte de la comunidad que busca alcanzar.<sup>18<\/sup> La iglesia debe ser sensible a los posmodernos y estar dispuesta a conocerlos en su propio territorio lista para comunicar el evangelio de una forma que ellos puedan comprenderlo&rdquo; (KIMBALL, 2003, p. 8). Stetzer (2003, p. 141) escribe: &ldquo;Tenemos que ir hasta los posmodernos a fin de alcanzarlos. Debemos vivir en sus barrios, comer en sus restaurantes y hacer compras en sus tiendas. Vivir en Cristo debe ser una realidad diaria&rdquo;. En el contexto de la condici&oacute;n posmoderna, sin embargo, la presencia real dif&iacute;cilmente se alcanza sin una relaci&oacute;n de confianza dentro de la iglesia urbana.<\/p>\n<p>Debido a su escepticismo con relaci&oacute;n a la autoridad y las estructuras de autoridad, los posmodernos deben ver las alegaciones del cristianismo a trav&eacute;s de individuos que pueden ganar gradualmente su confianza y respeto (GIBBS, 2000, p. 69). Bevan Herangi (2002, p. 7), un joven moldeado por la cultura posmoderna alega:<\/p>\n<p>&ldquo;Aunque signifique una experiencia dolorosa, debemos saber la verdad. Al contrario de otras generaciones que barrieron una gran cantidad de problemas bajo la alfombra, nosotros queremos enfrentar los hechos. Nosotros simplemente no creemos en lo que dicen las personas, esperaremos para ver lo que ellas viven&rdquo;.<\/p>\n<p>En una vena similar, Smith (2001, p. 196) afirma que los posmodernos &ldquo;simplemente quieren ver lo real, como un honesto y buen cristiano, alguien que crea verdaderamente en los misericordiosos, compasivos, ejemplos de Jesucristo&rdquo;. Ellos est&aacute;n en busca de individuos y comunidades que sean genuinas y aut&eacute;nticas. Tabb (2004, p. 110) confirma:<\/p>\n<p>&ldquo;El m&eacute;todo principal por el cual podemos cumplir nuestra misi&oacute;n de hacer conocer a Cristo en el mundo posmoderno, es volvi&eacute;ndonos dolorosamente aut&eacute;nticos. Tenemos que ser reales antes que nuestras palabras signifiquen algo. Aun as&iacute;, el mensaje de nuestra vida debe ser mucho m&aacute;s fuerte que las palabras que salen de nuestras bocas&rdquo;.<\/p>\n<p>Alcanzar a los posmodernos comienza por tomarse sus preguntas y reservas de forma seria (HENDERSON, 1998, p. 209). La cuesti&oacute;n principal en su mente ya no es &ldquo;&iquest;Es verdad?&rdquo;, sino &ldquo;&iquest;Esto es real?&rdquo; (STETZER, 2003, p. 140). Como Jim Wilson (2002, p. 113-114) alega, los posmodernos se esfuerzan por una &ldquo;comunidad aut&eacute;ntica y por el incentivo para que las personas sean leales con ellas mismas, con Dios y con los dem&aacute;s&rdquo;. Para ellos, la iglesia no necesita ser perfecta; solo debe ser aut&eacute;ntica.<\/p>\n<p>La iglesia urbana, por lo tanto, debe concentrarse mucho m&aacute;s en la presencia y en las relaciones que producen confianza, en vez de la divulgaci&oacute;n agresiva en la b&uacute;squeda de decisiones inmediatas. El mensaje comunicado por la vida y la presencia de la iglesia urbana se vuelve m&aacute;s importante para los posmodernos que el mensaje entregado solo por palabras. Para este fin, una oportunidad de servir a su comunidad y su mundo es un poderoso instrumento para atraer a los posmodernos a Cristo.<\/p>\n<p><strong>La iglesia urbana en el servicio al pr&oacute;jimo<\/strong><\/p>\n<p>Las generaciones posmodernas emergentes est&aacute;n buscando oportunidades que sean &uacute;tiles a su comunidad y a su mundo. Andrew Black (apud WEBBER, 2002, p. 49) afirma que &ldquo;esta generaci&oacute;n [est&aacute;] buscando nuevas maneras de servir al pr&oacute;jimo [&hellip;]. Hay un creciente deseo de trabajar en conjunto para resolver problemas en un nivel m&aacute;s administrable&rdquo;. Los posmodernos, se&ntilde;ala Kitchens (2003, p. 71), est&aacute;n &ldquo;interesados en encontrar un lugar para comprometer sus vidas y hacer la diferencia en el mundo&rdquo;. Aun a trav&eacute;s del lenguaje no religioso, los posmodernos expresan sus necesidades religiosas, tales como la necesidad de sentido y prop&oacute;sito en la vida, la necesidad de significado, la necesidad de hacer una contribuci&oacute;n y la necesidad de ser necesario. As&iacute;, uno de los elementos clave en el compromiso de la mente posmoderna es el servicio (STETZER, 2003, p. 141).<\/p>\n<p>Visto que las generaciones posmodernas emergentes comienzan a interactuar e involucrarse con la misi&oacute;n de la iglesia, parecen estar particularmente preocupadas con la situaci&oacute;n de los pobres en los centros urbanos (WEBBER, 2002, p. 49). Kitchens (2003 p. 72) afirma,<\/p>\n<p>&ldquo;Para ellos no es suficiente enviar dinero para apoyar la misi&oacute;n de la denominaci&oacute;n o ayudar a financiar alimentos o refugio. Los posmodernos desean enviarse a s&iacute; mismos, no solo sus d&oacute;lares para la misi&oacute;n. Ellos est&aacute;n buscando maneras de participar directamente en trabajar por justicia, proporcionando actos de hospitalidad y servicio y ofreciendo cura para los que la necesitan&rdquo;.<\/p>\n<p>Las misiones de corto plazo tambi&eacute;n son una poderosa forma de involucrar a los posmodernos en el servicio. A los posmodernos le gusta viajar; en consecuencia, estar en otro ambiente cultural y ver que Dios los usa es una experiencia impactante en la mente posmoderna. Adem&aacute;s, cuando los posmodernos colocan sus manos en un proyecto, su mente y coraz&oacute;n se vuelven completamente unidos al servicio. As&iacute;, la experiencia personal que proporcionan las misiones a corto plazo no es r&aacute;pida o f&aacute;cilmente olvidada en la mente posmoderna (CELEK; ZANDER, 1996, p. 140).<\/p>\n<p>Los posmodernos ven que la fe aut&eacute;ntica produce un servicio verdadero y el valor de la fe cristiana se confirma, as&iacute; la experiencia particular de servir a otros puede llevarlos m&aacute;s lejos en su jornada con Cristo. La iglesia urbana, por lo tanto, debe ofrecer oportunidades para desafiar a los posmodernos a involucrarse en el servicio de sus comunidades locales y globales.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Los principios para contar historias<\/strong><\/p>\n<p>En las sociedades antiguas, el uso de la narraci&oacute;n fue uno de los elementos vitales para organizar la vida.<sup>19<\/sup> De la misma forma, durante cientos de a&ntilde;os la cultura occidental estuvo basada en la tradici&oacute;n b&iacute;blica y guiada por la amplia narraci&oacute;n de las acciones de Dios en la historia humana. Durante el desarrollo del Iluminismo basado en la visi&oacute;n del mundo moderno, sin embargo, la secularizaci&oacute;n de las narraciones hist&oacute;ricas redujo dr&aacute;sticamente la importancia de las historias para dar sentido a la vida de las personas (CELEK; ZANDER, 1996, p. 140). Hahn y Verhaager (1998, p. 24) comentan sobre eso.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n necesita de historias o mitos para dar sentido al mundo cuando nosotros tenemos las ciencias exactas? Historia y mito se vuelven t&eacute;rminos peyorativos para describir cuentos que pueden haber sido &uacute;tiles para los premodernos y las audiencias tecnol&oacute;gicas poco sofisticada, pero no para las personas modernas&rdquo;.<\/p>\n<p>En un art&iacute;culo pionero, Robert Jenson (1993, p. 19) argumenta que el mundo posmoderno es el &uacute;nico &ldquo;que perdi&oacute; su historia&rdquo;. Para la mente posmoderna, no hay ninguna historia amplia que explique todos los aspectos de la vida humana. Por el contrario, &ldquo;ahora hay una infinidad de historias contradictorias, ninguna m&aacute;s v&aacute;lida que cualquier otra&rdquo; (HAHN; VERHAAGEN, 1996, p. 103). Van Gelder (2000b, p. 38) concuerda:<\/p>\n<p>&ldquo;Las personas moldeadas por la cultura posmoderna han crecido esc&eacute;pticas de principios, reglas y leyes que son separadas de verdades que deben ser obedecidas o seguidas [&hellip;] El sentido posmoderno de inserci&oacute;n del conocimiento humano y el car&aacute;cter perspectivo de todo conocimiento significa que la comprensi&oacute;n est&aacute; enraizada dentro de una narraci&oacute;n, una historia [&hellip;]. El desaf&iacute;o es el hecho de que estamos a la deriva en un mar de historias posmodernas en competencia, las que se perciben como socialmente construidas y relativas&rdquo;.<\/p>\n<p>En &uacute;ltimo an&aacute;lisis, el dilema para la misi&oacute;n se centraliza en la posici&oacute;n cristiana acerca de la universalidad de la historia de Dios, lo que se percibe como inv&aacute;lido por el <em>ethos<\/em> posmoderno. Las narraciones todav&iacute;a son v&aacute;lidas en la concepci&oacute;n posmoderna, pero se las ve solo por su utilidad local en vez de universal. As&iacute;, los posmodernos fueron afectados por el empobrecimiento y la p&eacute;rdida de sentido de identidad en la vida sin una conexi&oacute;n mayor o amplia de la historia. Adem&aacute;s, esta crisis de identidad potencial creada en la condici&oacute;n posmoderna puede llevar al punto en que la experiencia humana pierde su finalidad.<sup>20<\/sup> En la b&uacute;squeda de identidad, la iglesia urbana puede ser un maestro contador de historias.<\/p>\n<p><strong>La b&uacute;squeda por identidad<\/strong><\/p>\n<p>Debido al hecho de que los seres humanos fueron creados con curiosidad, complejidad y una profunda necesidad de significados, el deseo posmoderno en comprender las cuestiones mayores de la vida abri&oacute; el camino para el uso de la narraci&oacute;n como un instrumento eficaz para alcanzar a los posmodernos. Esto ocurre porque la vida para ellos es en s&iacute; un drama o una narraci&oacute;n. Una de las principales preocupaciones en la mentalidad posmoderna gira en torno del desarrollo de historias que pueden definir la identidad personal y dar prop&oacute;sito y forma a la existencia social dentro de una determinada comunidad (ANDERSON, 1990, p. 107-108).<\/p>\n<p>Escribiendo sobre la importancia y el poder de las historias en encontrar la propia identidad, Annette Simmons (2002, xvii) afirma: &ldquo;Todo el mundo tiene un coraz&oacute;n. Todo el mundo, en el fondo, quiere sentir orgullo de su vida y sentir cu&aacute;n importante es, esta es la vena de poder e influencia [de] contar historias&rdquo;.<sup>21<\/sup> Graham Johnston, a su vez, afirma que &ldquo;las historias nos colocan en contacto con las personas en un nivel de humanidad compartida. Contar historias puede encender la imaginaci&oacute;n del oyente y ayudar a las personas a identificarse con una idea, de manera que desencadene importancia y significado (JOHNSTON, 2002, p. 155). Contar historias tambi&eacute;n tiene el poder de tocar el coraz&oacute;n humano en su nivel m&aacute;s personal, como se&ntilde;ala Miller:<\/p>\n<p>&ldquo;Mientras se ven los hechos a partir del lente de un microscopio, las historias se ven a partir del lente del alma. Las historias nos dirigen en cada nivel. Hablan a la mente, el cuerpo, las emociones, el esp&iacute;ritu y la voluntad. En una historia una persona puede identificarse con situaciones que &eacute;l o ella nunca vivieron. La imaginaci&oacute;n del individuo est&aacute; libre para so&ntilde;ar, lo que antes era inimaginable&rdquo; (MILLER, 2004, p. 33).<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, la cognici&oacute;n humana est&aacute; basada en contar historias y es reconocida como uno de los instrumentos fundamentales del pensamiento humano (SWEET, 2000, p. 124). En su estudio pionero sobre la influencia de contar historias, Anderson y Foley afirman que las historias tienen el poder de atraer nuestras mentes, especialmente porque nuestra propia existencia est&aacute; organizada en forma de narraci&oacute;n. La experiencia humana est&aacute; estructurada en el tiempo y en la narraci&oacute;n. Nosotros comprendemos nuestras vidas no como acciones desconectadas o de eventos aislados, sino como t&eacute;rminos de una narraci&oacute;n. Nosotros idealizamos nuestra vida como una trama de historias, una novela hist&oacute;rica o una miniserie en el aire. Pensamos en historias, a fin de tejer juntos una coherente e interminable sucesi&oacute;n de personas, fechas y hechos que llenan nuestras vidas. El modo narrativo, m&aacute;s que cualquier otra forma de auto relato sirve para fomentar el sentido de movimiento y proceso de la vida individual y humanitaria. En ese sentido, la estructura narrativa es una necesidad humana. Las historias nos unen y tambi&eacute;n nos mantienen separados. Contamos historias a fin de vivir (ANDERSON, FOLEY, 1998, p. 4).<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, contar historias es un instrumento importante para establecer significado e integrar el propio pasado y futuro con lo que se observa en el presente. En otras palabras, contar historias es una forma primaria de expresi&oacute;n humana de quienes somos, de d&oacute;nde vinimos y lo que anticipamos en nuestras vidas (MCADAMS, 1997, p. 27; ver ANDERSON; FOLEY, 1998, p.5). Por lo tanto, la b&uacute;squeda humana por identidad requiere inequ&iacute;vocamente, en mayor o menor grado, el despliegue de nuestros or&iacute;genes. Esta es una de las razones b&aacute;sicas para la importancia de conocer las historias relacionadas con nuestro nacimiento. Anderson y Foley (1998, p. 59) adem&aacute;s afirman que:<\/p>\n<p>&ldquo;Las historias de nuestro nacimiento son poderosas. Aunque cada individuo sea un agente en su narraci&oacute;n, desde el inicio y aunque sea posible reformular la historia de nuestros or&iacute;genes, las historias sobre nuestro nacimiento moldean nuestras expectativas propias y del mundo&rdquo; (ANDERSON; FOLEY, 1998, p. 59).<\/p>\n<p>Sin embargo, la b&uacute;squeda humana final por la identidad solo puede encontrarse en Dios, la fuente original de la vida humana (Sal. 139:13, 14). Henderson afirma &ldquo;La identidad est&aacute; tejida en nosotros como seres creados. La cuesti&oacute;n no es hacer nuestra identidad, sino descubrirla. De la misma forma que un artista valora una obra de arte, Dios tiene el placer de valorizarnos. La identidad no puede encontrarse fuera de quien nos cre&oacute;&rdquo; (HEMDERSON, 1998, p. 215). En este contexto, existe un puente natural a la proclamaci&oacute;n del evangelio para la mente posmoderna por medio de una historia narrada. En la historia de Dios sobre la vida y su significado, los posmodernos finalmente pueden llegar a comprenderse a s&iacute; mismos y al mundo que los rodea en su b&uacute;squeda por la identidad personal y colectiva. (GELDER, 2000b, p. 38).<\/p>\n<p><strong>La iglesia urbana como maestra contadora de historias&nbsp; &nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>Para comunicarse de forma eficaz con la condici&oacute;n posmoderna, la iglesia urbana debe tener la capacidad de pensar de manera creativa y de adaptarse sabiamente. Para este fin, una confianza creciente en contar historias puede ser una manera eficaz para alentar decisiones para Cristo entre los posmodernos.<\/p>\n<p>A pesar de su rechazo a las narraciones como meta, los posmodernos dan gran valor al poder de la historia, historias especialmente reales (ANDERSON; FOLEY, 1998, p. 3=19). Mercer (1995, p. 336) afirma que la mente posmoderna reconoce que la identidad personal &ldquo;se experimenta en la historia de vida despleg&aacute;ndose de momento en momento y cruzando la vida de otros con el cambio de im&aacute;genes y creencias&rdquo;. Contar historias produce experiencias, y esas experiencias abordan las preocupaciones de la vida humana de manera m&aacute;s eficaz, invitando a los que comparten esas experiencias a una participaci&oacute;n real y activa en la historia contada. As&iacute;, la experiencia y el contar historias caminan lado a lado en el desarrollo de confianza en los posmodernos, que en la mayor&iacute;a de los casos no ser&aacute; simplemente realizada a trav&eacute;s del enfoque m&aacute;s tradicional de comunicaci&oacute;n. Simmons (2002, p. 3) reflexiona:<\/p>\n<p>&ldquo;Las personas no quieren m&aacute;s informaciones. Est&aacute;n hartas de informaciones. Quieren fe [&hellip;]. Y la historia es su camino para el desarrollo de la fe. Contar una historia significativa significa inspirar a sus oyentes a que lleguen a las mismas conclusiones que usted logr&oacute; tomar por s&iacute; mismo, que crean lo que usted dice y hagan lo que usted quiere que hagan. Las personas valoran sus propias conclusiones m&aacute;s que las suyas. Solo tendr&aacute;n fe en una historia que realmente les haya sucedido a ellos. Una vez que las personas hacen su historia, <em>su historia<\/em>, usted ha aprovechado la poderosa fuerza de la fe&rdquo;.<\/p>\n<p>Las iglesias urbanas sensibles al posmodernismo, por lo tanto, deben proporcionar oportunidades en las que las historias individuales puedan ser comparadas y transformadas por la historia de Dios, o sea, la narraci&oacute;n de las Escrituras. Eso puede suceder cuando la iglesia ayuda a los posmodernos a entender el panorama de las acciones de Dios en la historia y como se interrelaciona a su propia historia&rdquo; (HAHN; VERHAAGEN, 1988, p. 31; ver WEBBER, 2002, 50). Hahn y Verhaagen (1998, p. 28) agregan:<\/p>\n<p>&ldquo;Un disc&iacute;pulo es alguien cuya trayectoria muestra que est&aacute; siendo atrapado en una historia mayor que la suya y tambi&eacute;n c&oacute;mo su car&aacute;cter est&aacute; siendo moldeado y transformado para reflejar el car&aacute;cter del narrador [&hellip;] Un disc&iacute;pulo est&aacute; convencido en su coraz&oacute;n de que su vida no es una serie de eventos desconectados, aleatorios, sino que es un jugador en el mayor drama de todos los tiempos, el drama de un Dios que ama, pero es rechazado por su amada. Este es un Dios que entra en el espacio y en el tiempo en una misi&oacute;n de rescate c&oacute;smico para capturar corazones y vidas para el d&iacute;a cuando haga nuevas todas las cosas&rdquo;.<\/p>\n<p>Cuando la historia de Dios comienza a desafiar las historias personales y locales de los posmodernos, sus mentes ser&aacute;n tocadas en un lugar donde los hechos y las informaciones cognitivas rechazadas anteriormente podr&aacute;n ahora ser recibidas, y una transformaci&oacute;n podr&aacute; ocurrir eventualmente. En este punto, cuando los posmodernos identifiquen al gran narrador (ver Mat. 13:34) y encaminen su propia historia con sus prop&oacute;sitos, solo entonces, la iglesia debe desafiar las presuposiciones de los posmodernos de que las narraciones como meta son valederas. Smith (2001, p. 189) argumenta:<\/p>\n<p>&ldquo;La iglesia debe desalentar a las personas, dentro y fuera, a tratar la historia de Dios como cualquier otra historia. La historia de Dios, seg&uacute;n la creencia cristiana, es la gran narraci&oacute;n en un momento en que ninguna historia es considerada superior y ninguna gran narraci&oacute;n deber&iacute;a existir, y es as&iacute; como debe ser presentada&rdquo;.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, como Charles Taber (2002, p. 189) observa:<\/p>\n<p>&ldquo;El evangelio del Reino de Dios es la &uacute;nica narraci&oacute;n con meta universal v&aacute;lida, la &uacute;nica que no es brutalmente homogenizada y totalitaria porque es la &uacute;nica basada en el amor sacrificial en vez del poder mundano. La &uacute;nica ofrecida por un rey en la cruz, la &uacute;nica ofrecida por un le&oacute;n conquistador que acaba de abatir una oveja. Esta es la garant&iacute;a de que no es totalitaria. El Pentecost&eacute;s, si se lo entiende correctamente, tambi&eacute;n es la garant&iacute;a de que no es homogenizada&rdquo;.<\/p>\n<p>Finalmente, al contar la historia de Dios, la iglesia urbana permitir&aacute; a los posmodernos experimentar&rdquo; su utilidad y verdad, encontrada en la historia que trasciende y se refiere a todas las otras historias&rdquo; (SMITH, 2002, p. 190). Sin embargo, la iglesia urbana encontrar&aacute; poco &eacute;xito si ella contesta el rechazo posmoderno de las narraciones anteriores como una meta, de la experiencia que la historia de Dios puede crear en la mente posmoderna. Por eso es m&aacute;s apropiado dejar que la historia de Dios gane credibilidad por s&iacute; misma, como el Esp&iacute;ritu Santo trabaja para traer al coraz&oacute;n posmoderno las reflexiones serias sobre la fe cristiana. Miller (2004, p. 41) pregunta: &ldquo;&iquest;Podemos confiar en nuestro pueblo [los candidatos a posmodernos] y el Esp&iacute;ritu Santo, lo suficiente para permitir que piensen por s&iacute; mismos? &iquest;Podemos dejar algo al descubierto sabiendo que la conclusi&oacute;n puede no venir hasta el fin de la tarde de ese d&iacute;a, semana, mes o a&ntilde;o?&rdquo;. Estas son cuestiones serias que las iglesias urbanas deben ser capaces de responder si el foco de su misi&oacute;n es, en efecto, alcanzar la mente posmoderna para Cristo.<\/p>\n<p><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p>El cambio de paradigma de moderno a posmoderno trae un momento de inseguridad y al mismo tiempo repleto de desaf&iacute;os y oportunidades para la misi&oacute;n urbana. Debido a las fuerzas motrices de la urbanizaci&oacute;n y de la globalizaci&oacute;n, la condici&oacute;n posmoderna nos convoca especialmente a una reevaluaci&oacute;n de la estrategia y de los m&eacute;todos de la misi&oacute;n urbana que fueron previamente desarrollados para alcanzar a los individuos orientados por la visi&oacute;n del mundo moderno.<\/p>\n<p>La transici&oacute;n de un mundo moderno a otro posmoderno revela un cambio a partir de una cultura basada en la raz&oacute;n de una cultura basada en la experiencia; a partir de una cultura basada en la producci&oacute;n a una cultura basada en el consumo; a partir de una cultura basada en la confianza en el futuro a una cultura basada en el pesimismo del presente (e ignorancia del pasado); a partir de una cultura basada en palabras a una cultura basada en bytes; a partir de una cultura basada en lo local o global a una cultura basada en lo <em>glocal<\/em>. Seguramente todos los desplazamientos de arriba tienen implicaciones profundas para la misi&oacute;n de la iglesia urbana.<\/p>\n<p>Por otro lado, la misi&oacute;n urbana para la condici&oacute;n posmoderna puede estar basada en ciertos principios aplicables en las sociedades urbanas occidentales. En la b&uacute;squeda posmoderna de pertenencia, la iglesia urbana deber&iacute;a ser la comunidad donde pertenecer. En la b&uacute;squeda posmoderna de im&aacute;genes, la iglesia urbana deber&iacute;a ser un lugar de experiencias multisensoriales. En la b&uacute;squeda posmoderna de significado, la iglesia urbana deber&iacute;a ser un lugar en el que las ra&iacute;ces de la fe cristiana son presentadas y comprendidas. En la b&uacute;squeda posmoderna de autenticidad, la iglesia urbana deber&iacute;a ser un lugar de verdadero servicio a otros. En la b&uacute;squeda posmoderna de identidad, la iglesia urbana debe narrar la gran historia que terminar&aacute; por transformar la mente posmoderna.<\/p>\n<p>______________________<\/p>\n<p><sup>9<\/sup>Van Gelder, 2000b, p. 37) afirma: &ldquo;Est&aacute;n disponibles posibles puentes para los que quieren ser misioneros para las personas que viven dentro de la visi&oacute;n del mundo del posmodernismo. Buscar tales puentes es un sonido de principio misiol&oacute;gico y la historia de las misiones est&aacute; llena de ejemplos de como ha funcionado eso a lo largo de los siglos&rdquo;.<\/p>\n<p><sup>10<\/sup>Celek y Zander (1998, p. 15-21) se&ntilde;alan el hecho de que la disoluci&oacute;n de los valores llev&oacute; a la generaci&oacute;n posmoderna emergente a sentirse sola, abandonada y alienada (ver HAHN; VERHAAGEN, 1998, p. 15-21; 1996. P. 35-43).<\/p>\n<p><sup>11<\/sup>De acuerdo con Myers (2003, p. 25), la pertenencia se da cuando los individuos &ldquo;se identifican [sic] con otra entidad a una persona u organizaci&oacute;n o tal vez una especie, cultura o grupo &eacute;tnico&rdquo;. Por ejemplo, la popularidad del sit.com <em>Friends<\/em> como uno de los cinco programas de TV m&aacute;s vistos de todos los tiempos, demuestra claramente c&oacute;mo la b&uacute;squeda de pertenencia es una cuesti&oacute;n importante en la condici&oacute;n posmoderna. Comentando sobre el &eacute;xito de este programa de TV, Grenz (1999, p. 48) afirma: &ldquo;Entre bien y mal esos amigos se r&iacute;en juntos, se lastiman uno al otro y tambi&eacute;n se apoyan. Pero por encima de todo, la amistad que comparten da sentido a sus vidas. El mensaje central de la serie est&aacute; en la canci&oacute;n lema del programa <em>&ldquo;I&rsquo;ll Be There for You&rsquo;<\/em>, que expresa abiertamente la experiencia [posmoderna], o sea, que la realidad de la vida est&aacute; muy lejos de nuestras expectativas [&hellip;] El coro, sin embargo, expresa el ant&iacute;doto para la soledad, el sufrimiento y la fragilidad de la vida. Cada miembro del peque&ntilde;o c&iacute;rculo de amigos promete estar &ldquo;ah&iacute;&rdquo; para el otro, porque, citando la &uacute;ltima l&iacute;nea del canto, &ldquo;t&uacute; est&aacute;s ah&iacute; para m&iacute; tambi&eacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p><sup>12<\/sup>En Prolzac Nation, una autobiograf&iacute;a, Elizabeth Wurtzel (1995, p. 59) relata su promiscuidad sexual en la adolescencia como una forma de huir de la soledad y el rechazo. Por ejemplo, en un p&aacute;rrafo revelador ella admite que agradeci&oacute; a Dios por el don incre&iacute;ble de ser capaz de dar y recibir placer sexual.<\/p>\n<p><sup>13<\/sup>Van Gelder (2002, p. 499) concuerda que ese &ldquo;encuentro experimental necesita ser equilibrado en la comprensi&oacute;n inteligible de la fe&rdquo;.<\/p>\n<p><sup>14<\/sup>Probablemente ese sea uno de los principales objetivos por detr&aacute;s de la salida de la MTV y de la industria del cine en un intento de proveer &ldquo;respuestas&rdquo; a las preguntas que los posmodernos est&aacute;n haciendo por medio de la experiencia (ver DRANE, 2000, p. 154; SWEET, 1999, p. 34).<\/p>\n<p><sup>15<\/sup>Para obtener informaciones adicionales sobre los aspectos pr&aacute;cticos de la planificaci&oacute;n y de la creaci&oacute;n de una experiencia de adoraci&oacute;n multisensorial ver Kimball (2003, p. 155-178; 2004, p. 99-113), Kim Miller (1999, p. 13-34), Michael Slaughter (1998, p. 13-29) y Len Wilson (1999. P.18-36).<\/p>\n<p><sup>16<\/sup> Doug Pagitt (2003, p. 28) concuerda con Webber afirmando que &ldquo;nuestra visi&oacute;n actual y futura para la iglesia no puede estar formada sin un sentido de visi&oacute;n del pasado. A trav&eacute;s de nuestra comunidad hist&oacute;rica somos recordados, guiados, ense&ntilde;ados y llevados a los caminos de Dios. Estamos obligados a entrar en el contexto de los que han servido, amado y cre&iacute;do antes que nosotros. Por lo tanto, debemos afirmarnos siempre en la historia y en las tradiciones de la comunidad cristiana vividas anteriormente&rdquo;.<\/p>\n<p><sup>17<\/sup>Contrastando &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; con &ldquo;tradicionalismo&rdquo;, el historiador Jaroslav Pelikan (1984, p. 12) se&ntilde;ala que &ldquo;la tradici&oacute;n es fe viva de los muertos [y] el tradicionalismo es la fe muerta de los vivos&rdquo;.<\/p>\n<p><sup>18<\/sup>Para un breve comentario sobre el elemento de encarnaci&oacute;n de la misi&oacute;n urbana, consulte la secci&oacute;n titulada &ldquo;Misi&oacute;n urbana encarnadora&rdquo; en el cap&iacute;tulo cuatro de este libro (ver HIEBERT; MENESES, 1995, p. 325-362; POWELL, 1997, p. 7-18).<\/p>\n<p><sup>19<\/sup>Las historias m&iacute;ticas son pruebas claras de que las sociedades antiguas usaban narraciones para registrar los hechos de sus or&iacute;genes y los asuntos de sus dioses. En el principio, estas historias m&iacute;ticas tuvieron una interpretaci&oacute;n c&iacute;clica del tiempo, como es evidente en las historias religiosas, por ejemplo, de Egipto y de Grecia, como tambi&eacute;n las narraciones sagradas de otras sociedades antiguas del Oriente Medio (ver GRENZ, 1999, p. 87).<\/p>\n<p><sup>20<\/sup>Van Gelder (1996b, p. 137) afirma: &ldquo;Eso es cr&iacute;tico para la presentaci&oacute;n del evangelio en el contexto posmoderno, para reafirmar el elemento teleol&oacute;gico inherente a la condici&oacute;n humana. Dios es un Dios de la historia humana, lo que significa que hay un prop&oacute;sito para la existencia humana para m&aacute;s all&aacute; del ahora, un prop&oacute;sito enraizado en nuestro pasado y la definici&oacute;n de nuestro futuro&rdquo;.<\/p>\n<pre id=\"tw-target-text\" class=\"tw-data-text tw-text-large XcVN5d tw-ta\" data-placeholder=\"Tradu&ccedil;&atilde;o\"><span lang=\"es\">&nbsp;<\/span><\/pre>\n<p>El libro se puede encontrar en el sitio site: www.unaspress.com.br<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/deptos.adventistas.org\/ministerial\/portal-pastor\/es\/articulos\/Principios%20propuestos%20para%20una%20misi%C3%B3n%20urbana..pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Descargar em PDF<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/body><\/html>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Principios propuestos para una misi&oacute;n urbana Kleber Gon&ccedil;alves As&iacute; como la diferencia entre misioneros transculturales y la cultura destinada solo puede ser superada a trav&eacute;s del uso cuidadoso de la comunicaci&oacute;n, si la iglesia urbana desea tener &eacute;xito en comunicar el evangelio a los posmodernos es esencial entender la perspectiva posmoderna y algunos de los&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4969,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[829],"tags":[],"class_list":["post-4968","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos-todos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.9 - 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