{"id":650,"date":"2015-05-18T11:20:05","date_gmt":"2015-05-18T11:20:05","guid":{"rendered":"http:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/?p=650"},"modified":"2025-07-25T07:30:48","modified_gmt":"2025-07-25T07:30:48","slug":"por-que-murio-jesus-como-nos-salva-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pastor.adventistas.org\/es\/por-que-murio-jesus-como-nos-salva-dios\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 muri\u00f3 Jes\u00fas? \u00bfC\u00f3mo nos salva Dios?"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\"><\/style><!DOCTYPE html PUBLIC \"-\/\/W3C\/\/DTD HTML 4.0 Transitional\/\/EN\" \"http:\/\/www.w3.org\/TR\/REC-html40\/loose.dtd\">\n<html><body><p style=\"text-align: justify;\"><strong>&iquest;Por<\/strong> <strong>qu&eacute; <\/strong><strong>muri&oacute; Jes&uacute;s?<\/strong> <strong>C&oacute;mo <\/strong><strong>nos<\/strong> <strong>salva<\/strong> <strong>Dios<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>&nbsp;<\/em>Con el final del primer siglo de la era cristiana y la muerte de Juan &ndash;el &uacute;ltimo de los testigos &iacute;ntimos del ministerio de Cristo&ndash; comenzaron a aflorar cuestiones que hasta entonces se hab&iacute;an dado por sentadas: &iquest;Qui&eacute;n fue Jes&uacute;s? &iquest;Por qu&eacute; vino? &iquest;Por qu&eacute; muri&oacute;?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las respuestas a tales cuestiones vinieron a trav&eacute;s de una sucesi&oacute;n de met&aacute;foras existentes en las Escrituras: el Cordero sacrificial de Dios que quita los pecados del mundo; el Rey de reyes Conquistador; la Luz del mundo. Se vio entonces a Jes&uacute;s como al Hijo de Dios &ndash;un Libertador c&oacute;smico, un emisario del cielo. Pero se lo vio tambi&eacute;n como al Hijo del hombre, identific&aacute;ndose con nosotros.<br>\nSeveral UK Top Quality Replica Watches: top <a href=\"https:\/\/www.replicawatchesdirect.com\/\">Swiss Replica Watches<\/a><\/p>\n<p>Spot Best 2025 Official Swiss movement <a href=\"https:\/\/www.prwatches.com\/\">Cheap Rolex Replica<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las im&aacute;genes m&aacute;s explicativas yace en la idea de rescate. Dice Jes&uacute;s: &ldquo;Como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos&rdquo; (Mat. 20:28). Y haci&eacute;ndose eco de &eacute;l, Pedro afirma: &ldquo;Pues ya sab&eacute;is que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir la cual recibisteis de vuestros padres no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminaci&oacute;n&rdquo; (1 Ped. 1:18 y 19).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de rescate era conocida en el mundo antiguo. El t&eacute;rmino hac&iacute;a referencia a alg&uacute;n objeto de valor, empleado para recuperar algo de la casa de empe&ntilde;os. Se refer&iacute;a tambi&eacute;n a la compra de la libertad por parte de un esclavo. Desde luego, los antiguos conoc&iacute;an demasiado bien la pr&aacute;ctica de pagar un rescate para la liberaci&oacute;n de un secuestrado o prisionero de guerra. De ah&iacute; el comentario de Pablo: &ldquo;Por precio fuisteis comprados; no os hag&aacute;is esclavos de los hombres&rdquo; (1 Cor. 7:23).<\/p>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">El precio del rescate<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, mentes inquietas se pusieron pronto a la obra, y suscitaron la cuesti&oacute;n: Si rescatados, &iquest;qui&eacute;n recibe el precio del rescate?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es interesante que la Biblia nunca dice qui&eacute;n. A lo largo de los siglos se fue configurando el escenario de un drama &ndash;mitad real y mitad ficci&oacute;n. Seg&uacute;n la f&aacute;bula, el Padre y Satan&aacute;s fueron quienes cerraron el trato. Ad&aacute;n hab&iacute;a vendido sus derechos &ndash;de hecho, su alma&ndash; al diablo. Conocedor del ferviente deseo que el Padre ten&iacute;a de ver a Ad&aacute;n devuelto, Satan&aacute;s, con una sonrisa s&aacute;dica, puso el &uacute;ltimo precio: la vida del Hijo de Dios, el objeto por excelencia del odio de Lucifer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As&iacute;, Jes&uacute;s vino &ndash;seg&uacute;n ese drama&ndash; y vivi&oacute; bajo el f&eacute;rreo tormento de Satan&aacute;s, y finalmente perdi&oacute; su vida. Pero de acuerdo con la f&aacute;bula, el mismo Lucifer result&oacute; burlado, puesto que el Padre resucit&oacute; a su Hijo de la tumba, dejando a Lucifer privado de su premio, y en posesi&oacute;n de nada m&aacute;s que un sepulcro vac&iacute;o. Perdi&oacute; el precio que hab&iacute;a extorsionado al Padre.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">La verdad importante<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M&aacute;s all&aacute; de la fantas&iacute;a de la ilustraci&oacute;n, descubrimos aqu&iacute; una gema de verdad. Cristo dio ciertamente su vida como rescate por nosotros, pecadores. Pero el asunto importante poco tiene que ver con qui&eacute;n recibi&oacute; el pago. Hay una verdad much&iacute;simo m&aacute;s importante: que en la expiaci&oacute;n de Cristo se pag&oacute; un precio monumental, no en t&eacute;rminos puramente mercantiles, sino para lograr la reconciliaci&oacute;n entre nosotros como ca&iacute;dos pecadores, y nuestro Dios de justicia; para elevarnos a un estado de reconciliaci&oacute;n con Dios. &ldquo;Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho m&aacute;s, estando reconciliados, seremos salvos por su vida&rdquo; (Rom. 5:10).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante un universo expectante, Dios demostr&oacute; de una vez por todas hasta d&oacute;nde iba a llegar para hacer posible la redenci&oacute;n de los pecadores extraviados. Las dimensiones de su amor revelan la forma en la que su sacrificio comporta la cualidad del rescate.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No debemos nunca olvidar que fue nuestro Dios quien inici&oacute; nuestro rescate, quien fue en nuestra b&uacute;squeda. &ldquo;Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcili&oacute; consigo mismo por Cristo&rdquo; (2 Cor. 5:18). Y contin&uacute;a hoy busc&aacute;ndonos. Cuando aceptamos su invitaci&oacute;n misericordiosa, caminamos en la certeza de la salvaci&oacute;n que nos garantiza por su muerte y resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una breve frase, Pablo sondea las profundidades de lo que significa para Dios amar. &ldquo;Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo a&uacute;n pecadores, Cristo muri&oacute; por nosotros&rdquo; (Rom. 5:8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Saltan a la vista tres verdades. Primera, Dios demuestra el tipo de amor que tiene. Segunda, comprendemos nuestra situaci&oacute;n de impotencia e ignorancia como pecadores. Y tercera, vemos que es &eacute;l quien inicia todo el plan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el plan de Dios Cristo cumple el pacto eterno, asumiendo el compromiso contra&iacute;do antes que el mundo fuera. Se someter&iacute;a voluntariamente a entregar su vida por nosotros. Tal como los Adventistas comprenden especialmente, estaba en ello cumpliendo de forma coincidente un prop&oacute;sito de dimensiones c&oacute;smicas.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">Pero &iquest;qu&eacute; hay de su amor?<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desgraciadamente, el amor ha venido a convertirse en una palabra casi vac&iacute;a. A menudo se lo asocia a la emoci&oacute;n, o hasta se lo confunde con un sentimiento religioso. Pero tal como se lo emplea en la Biblia, el amor es una palabra llena de poder, no de blandura nebulosa. El amor es agresivo: Dios entregado a la tarea de alcanzarnos para auxiliarnos. El amor es un principio, afirma<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>White. &iquest;C&oacute;mo es eso posible? La respuesta es que el amor de Dios es un compromiso invariable, inviolable, una predisposici&oacute;n en favor nuestro que no podemos hacer decaer. No hay manera de hacer que se tambalee el amor divino, no lo podemos disuadir o desanimar. Es una b&uacute;squeda infatigable de parte del Dios que anhela auxiliar, y que jam&aacute;s claudica. En ese sentido Dios es amor.<\/li>\n<\/ol>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">M&aacute;s que ejemplo<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la alta Edad Media un monje franc&eacute;s, Pierre Abelard, ide&oacute; lo que a &eacute;l le pareci&oacute; que describ&iacute;a el significado real del amor. Se ha venido a conocer como la teor&iacute;a de la influencia moral. Reaccionando contra la idea de rescate que era com&uacute;n en su tiempo, arguy&oacute; que Jes&uacute;s no fue en ning&uacute;n sentido un rescate, sino alguien elevado. Si fu&eacute;semos capaces de comprender la nobleza del car&aacute;cter de Dios, razonaba &eacute;l, nuestros endurecidos corazones se enternecer&iacute;an y ser&iacute;an movidos al arrepentimiento, abandonando el pecado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Abelard, la muerte de Cristo fue realmente la demostraci&oacute;n &uacute;ltima del amor de Dios, y por lo tanto, una descripci&oacute;n de su car&aacute;cter. As&iacute;, Jes&uacute;s sufri&oacute; con nosotros para dejarnos ejemplo.&nbsp; Sufri&oacute; <em>con <\/em>el pecador, m&aacute;s bien que <em>por <\/em>el pecador. Esa teor&iacute;a reinterpretaba el significado de esos textos que nos dicen que Cristo muri&oacute; por nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de su n&uacute;cleo de verdad, la doctrina de Abelard quedaba muy lejos de la plenitud del significado b&iacute;blico. Presenta a Cristo como a un sujeto de la ley de amor, m&aacute;s bien que como a su Creador. Su tolerante concepto del pecado sugiere que la dificultad proviene, no tanto de la violaci&oacute;n por parte del pecador contra el perfecto car&aacute;cter de Dios, sino m&aacute;s bien de su fracaso en comprender el gran afecto de Dios por &eacute;l. Queda en el vac&iacute;o la ense&ntilde;anza b&iacute;blica de que Cristo vino, no s&oacute;lo para demostrar el amor de Dios, sino igualmente para manifestar su justicia. Con esa descripci&oacute;n de la expiaci&oacute;n principalmente en t&eacute;rminos de darnos luz sobre su prop&oacute;sito, resulta acallada la obra de Cristo como sacrificio muriendo por los pecadores culpables. El foco recae especialmente en la iluminaci&oacute;n moral interior, y mucho menos en una llana y conclusiva muerte que resolvi&oacute; el gran conflicto que el pecado introdujera en el universo de Dios. As&iacute;, Abelardo nos trajo una verdad parcial: Jes&uacute;s como de- mostraci&oacute;n indiscutible de la incesante preocupaci&oacute;n de Dios por nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero salvaci&oacute;n significa m&aacute;s que sentimientos positivos entre nosotros y Dios. Significa una abrumadora confrontaci&oacute;n entre la justicia y la rebeli&oacute;n humana en la que estamos todos atrapados. Significa un amor que llev&oacute; a Jes&uacute;s al sacrificio &uacute;ltimo a fin de obtener para nosotros reconciliaci&oacute;n con nuestro Creador. La horrible escena f&iacute;sica del G&oacute;lgota habl&oacute; a los humanos s&oacute;lo de una forma muy limitada acerca de un amor que, de hecho, implica tomar la culpabilidad de cada pecado y llevar su consecuencia: la separaci&oacute;n total de Dios. S&oacute;lo ah&iacute; afloran las profundidades de ese amor de Dios caracterizado por la ab- negaci&oacute;n y perseverancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As&iacute;, como afirma Pablo, &ldquo;tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&rdquo; (Rom. 5:1). Al aceptarlo tenemos el gozo de la salvaci&oacute;n, sabi&eacute;ndonos plenamente aceptos en su amor. Dios es amor, y la magnitud de ese amor continuar&aacute; revel&aacute;ndose ante nosotros una vez atravesadas las puertas de la eternidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oculta en un texto bien conocido del Nuevo Testamento, se encuentra una verdad que las traducciones suelen oscurecer: &ldquo;Cristo muri&oacute; por nuestros pecados, conforme a las Escrituras&rdquo; (1 Cor. 15:3). El texto dice literalmente que Cristo vino a ser nuestro lugar de sacrificio (<em>hilasterion<\/em> en griego), una referencia inequ&iacute;voca al antiguo sistema sacrificial hebreo. Tanto en la forma como en el fondo, el principio subyacente es la substituci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como era t&iacute;pico en las religiones paganas, los Griegos, en lo antiguo, se esforzaban en apaciguar a sus dioses, procurando aplacar su ira y lograr su favor mediante dones y un r&eacute;gimen consistente en determinadas obras. Desgraciadamente el concepto persiste a&uacute;n hoy entre algunos cristianos, aflorando a veces en discusiones sobre la fe y las obras.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">El favor del Padre<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la muerte de Cristo no existe el m&aacute;s leve indicio de que el Salvador hiciera esfuerzo alguno por ganar el favor del Padre. Disponiendo ya previamente de ese favor, su confianza lo condujo hasta el Calvario, a pesar de que su humanidad se estremec&iacute;a. Confrontado con el abandono de la presencia de su Padre en aversi&oacute;n al pecado, fue s&oacute;lo en la cruz donde se hizo evidente el severo abismo. Al caer sobre &eacute;l el velo de nuestra culpabilidad, sus labios expresaron un clamor agonizante: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; me has desamparado?&rdquo; (Mat.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27:46).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces descendi&oacute; al abismo de la muerte segunda llevando la carga del rechazo y rebeli&oacute;n contra Dios. En ese momento, &eacute;l se encuentra en nuestro lugar. Suya es la desesperaci&oacute;n de los pecadores perdidos, horrorizados ante el vac&iacute;o tenebroso, privados de toda esperanza. Estando en lugar nuestro, &ldquo;el Salvador no pod&iacute;a ver a trav&eacute;s de los portales de la tumba&rdquo; (<em>El<\/em><em> Deseado<\/em>, p. 701). La muerte le sobrecogi&oacute; como al pecador abandonado, solo, en el lugar que realmente nos corresponde a cada uno de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos sugieren que Cristo vino primariamente para mostrarnos su preocupaci&oacute;n por nosotros, en la desgraciada suerte que nos es com&uacute;n; para compartir nuestros pesares, para asegurarnos de la comprensi&oacute;n y cuidado de Dios. Si bien hay virtud en reconocer lo anterior, encierra la sutil sugerencia de que, despu&eacute;s de todo, el pecado no es algo tan grave, y que podemos tranquilizarnos definitivamente sabiendo que Dios nunca deja de cuidarnos. Se nos anima a ver el lado luminoso. Pero &iquest;cu&aacute;nta luz alumbra el abismo de la muerte? Sin duda alguna Jes&uacute;s demostr&oacute; cu&aacute;nto nos ama el Padre, pero hab&iacute;a mu- cho m&aacute;s en juego. Vino para llevar el inevitable castigo por la rebeli&oacute;n contra el car&aacute;cter infinitamente justo de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes&uacute;s vino, no a apaciguar, sino a cancelar la culpabilidad y a limpiar a los pecadores. Eso no es sobornar a Dios en ning&uacute;n sentido, ni es artero sub- terfugio a fin de satisfacer algo as&iacute; como una demanda personal. S&iacute; es, por el contrario, un plan divinamente calculado del que Pablo declar&oacute;: &ldquo;para manifes- tar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que &eacute;l sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jes&uacute;s&rdquo; (Rom. 3:25 y 26). Di- cho de otro modo: <em>M&aacute;s bien que responder a la demanda de Dios, fue efectua- do por iniciativa de Dios<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ese modo Jes&uacute;s pag&oacute; nuestro rescate y nos liber&oacute;, cautivos como est&aacute;bamos del pecado. Mostr&oacute; as&iacute; c&oacute;mo nos ama Dios. Pero hay mucho m&aacute;s. La aut&eacute;ntica comprensi&oacute;n tiene lugar cuando nos apercibimos de la naturaleza desesperada del problema de nuestro pecado y de la forma en la que Dios ha de tratar con la rebeli&oacute;n que ha irrumpido en su universo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Est&aacute; en cuesti&oacute;n la rectitud de Dios, su justicia. Se da aqu&iacute; un categ&oacute;rico alejamiento de las ideas paganas relativas a apaciguar. Dios emprende la obra de hacer un puente que salve el abismo. Se coloca &eacute;l mismo como substituto, para demostrar la naturaleza inmutable de su ley, y realiza todo lo que es necesario. Cristo viene a ser hecho el sacrificio divino, su cruz viene a ser un altar (ver 1 Cor. 5:7). Lo contemplamos asombrados, viendo lo que efect&uacute;a en favor nuestro. &ldquo;Se entreg&oacute; a s&iacute; mismo por nosotros&rdquo; (Efe. 5:2) y ofreci&oacute; &ldquo;una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados&rdquo; (Heb. 10:12). Dios &ldquo;envi&oacute; a su Hijo en propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo; (1 Juan 4:10).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Cristo, nuestro pecado fue juzgado y condenado. Permanece intacta la naturaleza justa de Dios, y queda resuelta la violaci&oacute;n de la misma. Mientras lo contemplamos como ni&ntilde;os asombrados, &eacute;l nos reconcilia, derramando los beneficios sobre nosotros, quienes lo aceptamos por fe. Despu&eacute;s de todo lo realizado, con el universo por testigo, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s pudo haber hecho?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<\/p><\/body><\/html>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Por qu&eacute; muri&oacute; Jes&uacute;s? C&oacute;mo nos salva Dios &nbsp;Con el final del primer siglo de la era cristiana y la muerte de Juan &ndash;el &uacute;ltimo de los testigos &iacute;ntimos del ministerio de Cristo&ndash; comenzaron a aflorar cuestiones que hasta entonces se hab&iacute;an dado por sentadas: &iquest;Qui&eacute;n fue Jes&uacute;s? &iquest;Por qu&eacute; vino? &iquest;Por qu&eacute; muri&oacute;? 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