30 de diciembre de 2020

Cuando Dios Dirige

Cuando Dios Dirige

Cuando Dios Dirige 

Helio Carnassale

 

Introducción 

El texto para hoy está en 2 Reyes 2:1-18. Vamos a leer algunos versículos inicialey a medida que avancemos ela historia de la despedida de Elías y de lconfirmación del ministerio profético de Eliseo, leeremos otros versículos. Eliseo fue llamado para acompañar al experimentado profeta Elías, y había llegado el momento de separarseEse es uno daquellos relatos bíblicos que nos llenan de esperanzen cuanto a lo que Dioha reservado para los que creen esus promesas.  

 

Lectura bíblica: 2 Reyes 2:12, 4 y 6. 

 

Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal. Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el. […] Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó. […] Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos. 

Las escuelas de los profetas 

Esos versículos nos informan sobre el itinerario que cumplió Elías antes de ser llevado por el Señor de manera milagrosa. En esa trayectoria, ellos salieron de Gilgal, fueron a Betel, después siguieron a Jericó y finalmente llegaron al río Jordán. Esos eran los lugares donde estaban establecidas las tres escuelas de los profetasLo que demuestra la importancia que Elías atribuía a esa actividad. Originalmente ellas habían sido fundadas por el profeta Samuel y tenían como objetivo servir de barrera contra la depravación, proveer bienestar moral y espiritual a los jóvenes y prepararlos para ser futuros líderes espirituales de la nación. Elena de White, al comentar sobre la situación de esas escuelas en los días de Elías, escribió: 

“Las escuelas de los profetas establecidas por Samuel habían caído en decadencia durante los años de apostasía que hubo en Israel. Elías restableció estas escuelas y tomó medidas para que los jóvenes pudieran educarse en forma que los indujese a magnificar y honrar la ley. […] El profeta de Dios repitió entonces las lecciones que les había dado en visitas anteriores. Instruyó especialmente a los jóvenes acerca de su alto privilegio de mantenerse lealmente fieles al Dios del cielo” (Profetas y reyes, p. 168). 

Esas escuelas ejercían una influencia poderosa en la mente y el carácter de los jóvenes discípulos de los profetas, como eran llamados los estudiantes. Ellos se mantenían con su trabajo, cultivando el suelo y haciendo alguna otra actividad manual. Era parte del currículo, estudiar la ley de Moisés y la historia del pueblo de Israel, aprender música sacra y poesía. Conservaban un espíritu de devoción y, sobre todo, aprendían acerca de la voluntad de Dios y el deber hacia él. En los días de Elías, esas escuelas readquirieron su valor y eran estratégicamente importantes para volver a la adoración al verdadero Dios. Poco a poco, el temor a Jehová iba alcanzando más y más a las familias y esos jóvenes estudiantes ayudarían en la consolidación de ese proceso.  

La Iglesia Adventista del Séptimo Día se ha dedicado a mantener una red educativa para servir a los mismos propósitos que las Escuelas de los Profetas. Ya sean los internados o las escuelas ubicadas en las ciudades, todas ellas tienen un compromiso de no solamente preparar a los estudiantes para esta vida, sino también educarlos para la eternidad. Por eso, su slogan es “Más allá de la enseñanza”. Cada familia adventista que reside en una localidad donde exista una escuela adventista debería hacer cualquier sacrificio para que sus hijos estudiaran allí. Todo esfuerzo e inversión hecha rendirá muchas veces más. Yo soy una prueba viva de eso.  

Mis padres aceptaron el mensaje adventista y fueron bautizados en febrero de 1962, en la Iglesia Central Paulistana, en la ciudad de Sao Paulo. En 1967, mi hermano mayor terminó el antiguo curso primario y tenía que ir para el Gimnasio, hoy llamado enseñanza fundamental. Cuando mi padre fue a matricular a mi hermano, vio tantas cosas desagradables que volvió decidido a no matricular a su hijo en una escuela de ese tipo. Vivíamos en un barrio de la periferia de Sao Paulo, en una casa que había sido recién construida. Mi padre fue tapicero toda la vida y se ganaba el pan trabajando en un taller de tapicería que funcionaba junto a nuestra casa. Él hacía y reformaba muebles tapizados, sofás y sillones. Él con mi madre tomaron una decisión que impactaría nuestra vida para siempre. Decidieron mudarse de Sao Paulo e ir a vivir cerca de uno de nuestros colegios, el IASP. Hoy, UNASP Hortolandia. 

Fuimos a vivir a una casa alquilada, muy vieja, sin revoque y bien distinta de la casa donde vivíamos. No había trabajo para mi padre allí, y por varios años, él tuvo que ir cada semana a la capital y trabajar en un taller. No fueron tiempos fáciles. Pero cada esfuerzo valió la pena. Hoy, mi hermano y toda nuestra familia estamos firmes en la iglesia. Muchas veces me pregunté qué hubiera sucedido si hubiéramos permanecido en Sao Paulo. Es muy difícil saberlo, pero una cosa es cierta: me sentiré eternamente agradecido a mis padres por el sacrificio que hicieron para que yo estudiara en una escuela adventista. 

Dejo aquí tres llamados: Padres, hagan cualquier sacrificio para que sus hijos estudien en una escuela adventista. Educadores, hagan todo esfuerzo para que los hijos de la iglesia nunca queden fuera de nuestras escuelas. Está en juego la eternidad. Jóvenes, sueñen con estudiar en uno de nuestros internados. Es una de las experiencias más gratificantes de la vida.  

Confirmación del llamado de Eliseo 

En el texto bíblico que leímos al principio, llama la atención el registro de dos frases que se repiten tres veces cada una. Una dicha por Elías y la otra por Eliseo. Sabiendo que sería tomado por el Señor, tres veces el viejo profeta dijo: “Quédate aquí”. Y tres veces el joven respondió: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Se calcula que ellos habían convivido durante unos diez años. Elías era de un temperamento más fuerte, mientras que Eliseo era más calmo. La obra de Elías se compara a la función de Juan el Bautista, mientras que el trabajo de Eliseo fue un tipo del ministerio de Jesús. Aunque fueron de generaciones diferentes y tenían personalidades opuestas, eso no impidió que pudieran andar juntos y cooperarel uno con el otro en el trabajo del Señor. Elena de White hace un comentario interesante sobre ese compañerismo: 

“Lo que al principio se requería de Eliseo no era una obra grande, pues los deberes comunes seguían constituyendo su disciplina. Se dice que derramaba agua sobre las manos de Elías, su maestro. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que el Señor indicase, y a cada paso aprendía lecciones de humildad y servicio. Como ayudante personal del profeta, continuó demostrándose fiel en las cosas pequeñas, mientras que con un propósito que se iba fortaleciendo con el transcurso de cada día, se dedicaba a la misión que Dios le había señalado” (Profetas y reyes, p. 166).  

Fidelidad en las pequeñas cosas, disciplina y simplicidad fueron lecciones aprendidas en la casa de sus padres y que acompañaron a Eliseo durante toda la vida. El Comentario adventista ve en las palabras, “quédate aquí” una prueba de confirmación del llamado de Eliseo. Al terminar la obra de Elías, ¿Eliseo volvería a la casa de su padre o asumiría la función de sucesor del profeta? Seguramente, si él hubiera permanecido en Gilgal o Betel, dejando de acompañar a Elías hasta el fin, como era su deber, esa confirmación no habría ocurrido. Cuán importante es ser fieles al ejecutar las responsabilidades que asumimos, sean grandes o pequeñas, sencillas o complejas.  

Las tres veces que Eliseo respondió, usó la expresión “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.  Esa frase revela el firme propósito de Eliseo de no abandonar la obra, sino ir hasta el fin del camino y continuar en el ministerio para el cual fue llamado. Ella revela también que Eliseo poseía fe en el Dios vivo. Sabía que su llamado no era por iniciativa de Elías. Dios mismo había ordenado que él fuera ungido como profeta, como se puede leer en 1 Reyes 19:16. Eliseo debería ser fiel a su maestro, pero sobre todo debería ser fiel a Dios. La fidelidad a Dios y a los hombres caminan de la mano, pero cuando las relaciones humanas amenazan la soberanía divina, la declaración de Pedro pasa a ser la regla dominante: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). 

Declarar su fe en el Dios vivo también confirmaba la seguridad de Eliseo de que, aunque Elías no estuviera más presente, él estaría bajo la protección y dirección divinas. Confesar su fe en un Dios vivo también era una comprobación de la conciencia que tenía Eliseo de la tarea que estaba delante de él y de que no sería dejado solo, aun cuando Elías hubiera partido. Qué preciosa lección para nuestra vida.  

Nosotros también servimos a un Dios vivo. Muchas veces recibimos el llamado a asumir responsabilidades en la vida personal, familiar, profesional o en el servicio al Señor; y qué reconfortante es saber que, aun cuando tengamos que enfrentar algunas luchas solos, nunca estaremos solos. Son tantas las promesas que nos confirman esa bendita seguridad, que nos recuerda a Josué 1:9 “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Servimos a un Dios vivo que prometió estar con nosotros “hasta la consumación de los siglos”.   

Una doble porción del Espíritu 

Siguiendo la lectura bíblica, leamos ahora 2 Reyes 2:9, 10 

Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. Él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no. 

Cuando Elías estaba por retirarse, le dio a Eliseo el privilegio de pedir lo que estaba en su corazón. Eliseo podría haber pedido favores temporales, pero no fue eso lo que pidió. Lo que más quería era dar continuidad a la misma obra de Elías, en el mismo espíritu y poder. Por eso, necesitaba de la gracia y la ayuda del mismo Espíritu que había dirigido al profeta en todo. La expresión “una doble porción” no significa que Eliseo estaba pidiendo el doble del poder de Elías. Él no deseaba más de lo que le había sido dado al anciano profeta, ni posición más elevada o más habilidades.  

La idea es extraída de Deuteronomio 21:17, donde se menciona la porción de la propiedad que un padre debería dar a su hijo mayor. Lo que Eliseo estaba pidiendo era que él fuera considerado y tratado como hijo primogénito del profeta, lo que significaba ser reconocido como legítimo continuador de la obra de Elías. El pedido de Eliseo se asemeja al pedido que hizo Salomón de tener sabiduría. Esos ejemplos nos hacen pensar sobre cosas que pedimos a Dios en oración. ¿Qué deseamos realmente en nuestra vida? ¿Lo que más queremos está relacionado a la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida y al servicio del Señor? 

En su respuesta, Elías reconoció que no le correspondía atender o negar el pedido de Eliseo, porque esa decisión le pertenecía solamente a Dios. No le correspondía al profeta designar su sucesor. Esa era una prerrogativa divina. Dios también dirige las cosas de su Iglesia, aun cuando parece que los hombres tienen el control. Es un gran error querer controlar y dominar las elecciones de líderes, ya sea en la iglesia local o en las sedes administrativas e instituciones de la Iglesia Adventista. Lo mejor es confiar que Dios cuida de lo que le pertenece. Pero Elías le dejó claro a Eliseo que si él lo veía cuando era llevado, sería una prueba de que su pedido había sido aceptado. 

La traslación de Elías 

El relato bíblico de 2 Reyes 2:9,11 describe así lo que sucedió:  

Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco. Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino”. 

El manto de Elías se había transformado en el emblema de su oficio profético. Ese mismo manto había sido lanzado sobre Eliseo para simbolizar su llamado al ministerio profético. Doblando el manto, Elías hirió las aguas del río Jordán, así como Moisés con su cayado, había herido el río Nilo y después el Mar Rojo. Ese milagro era una confirmación poderosa de que el Dios que había sacado a Israel de Egipto, estaba listo para continuar manifestando su amor y cuidado por Israel. En el versículo 7 leemos que cincuenta estudiantes también acompañaron a los dos profetas, pero se detuvieron antes de pasar el Jordán. 

Los carros de Dios eran carros de ángeles. El Salmo 68:17 dice que “Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares”, en una clara referencia a los ángeles. En la Biblia se usan con frecuencia como símbolos de poder, gloria y majestad, con los cuales el Señor aniquila a los enemigos y protege a su pueblo. Esa ascensión extraordinaria de Elías al cielo, envuelto por ángeles, sin pasar por la muerte, hace de él un tipo de los santos que vivirán en los últimos días y serán trasladados sin ver la muerte. A estos representaba Elías en el monte de la transfiguración, mientras que Moisés representaba a los que pasan por la muerte, pero que resucitarán para la vida eterna.  

 El manto de Elías 

La referencia al remolino también es un indicador del poder de Dios. “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino” (Job 38:1). Elías realizo una gran obra y recibió una recompensa gloriosa. Elías honró a Dios y Dios también lo honró, no le permitió ir a la sepultura, sino que lo llevó directamente al cielo. No siempre Dios actúa de esa manera, pero lo hizo así con Elías. Eliseo mismo murió de una enfermedad (2 Reyes 13:14). El texto dice que Eliseo vio y exclamó admirado por la escena gloriosa que había testificado. Así se cumplió para él la palabra de Elías, confirmada al dejar el manto, según leemos en 2 Reyes 2:12 al 14:  

Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes. Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán. Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo. 

El manto dejado a Eliseo fue un legado profético y un indicador de que él debía asumir las responsabilidades del liderazgo, hasta entonces ejercidas por Elías. Al llegar de vuelta al Jordán, del otro lado en la orilla todavía estaban los 50 discípulos de la escuela de los profetas, que probablemente no presenciaron la traslación gloriosa de Elías. Así, al rasgar sus vestidos, Eliseo no quería indicar tristeza, sino que asumía que de allí en adelante no usaría más su túnica, sino el manto de Elías, que era un símbolo de la confirmación de su llamado. 

La invocación del nombre de Dios no indicaba duda o inseguridad de parte de Eliseo, sino que confirmaba su fe de que el mismo Dios que había estado con Elías, sería también el suyo. Lo que Dios había hecho por Elías y por su intermedio, Eliseo esperaba que el Señor lo hiciera ahora por él y por su intermedio. Eliseo clamó lleno de fe, y con el manto que había sido de Elías y que ahora le pertenecía, hirió las aguas del Jordán, y el Señor le respondió abriendo las aguas y permitiendo que él atravesara el río en seco.  

Los discípulos vieron esa increíble escena y creyeron que Eliseo realmente había recibido el espíritu de Elías y era apto para dar continuidad a la obra del profeta. Ellos lo recibieron y lo respetaron como su nuevo líder. Así como había sucedido con Josué, quien pasó por el Jordán en seco y su liderazgo fue confirmado delante de todo el pueblo de Israel, Eliseo pasó por la misma experiencia delante de los discípulos y su liderazgo también fue confirmado.  

Entre los pioneros adventistas hay uno queconsiderando las debidas diferencias, se asemeja a Eliseo, especialmente en las virtudes de la fidelidad en las pequeñas cosas, en la disciplina y en la simplicidad. Me refiero a John N. Andrews, cuya historia recordaremos ahora 

Nuestro primer misionero de ultramar 

John Nevins Andrews aceptó a Jesús como su Salvador en febrero de 1843, a los 14 años. Algunos años después, comenzó a observar el sábado. Conoció a Elena y Jaime White en septiembre de 1849, de quienes llegaría a ser un gran amigo. A veces, el matrimonio White se hospedó en la casa de sus padres, en la ciudad Paris, en Maine. En 1850, Andrews comenzó a predicar como pastor itinerante. En 1855, Elena de White le aconsejó que se casara con Angeline Stevens. Ellos se casaron en 1856, en Iowa, a donde sus familias se habían mudado. Allí les nacieron los hijos Charles y Mary. 

En 1859, escribió su libro más conocido: La historia del sábado y el primer día de la semana. Después trabajó como evangelista en Nueva York y ayudó a fundar la Asociación de ese Estado. En 1864, Andrews representó a los adventistas en Washington, para defender la posición de la iglesia en favor de no participar del combate durante la guerra civil estadounidense. Como teólogo, contribuyó significativamente en el desarrollo de varias doctrinas, destacándose el estudio relacionado a la hora para el inicio y la terminación del sábado, de puesta de sol a puesta de sol, y también el estudio sobre el sistema de sustento del ministerio, que resultó en la adopción del plan conocido como “Donación sistemática”.  

Sirvió también como el tercer presidente de la Asociación General desde 1867 a 1869, pero fue conocido en el medio adventista por haber sido el primer misionero de la denominación a ser enviado fuera de los Estados Unidos. Su esposa falleció en 1872 y, dos años después, acompañado de sus hijos, zarpó a Suiza, donde la Iglesia Adventista fue establecida en el viejo continente. Elena de White escribió que habían enviado al hombre más capaz de todos para cumplir esa misión (Carta 2ª, 1878). 

Hay muchas historias sobre Andrews que nos llenan al mismo tiempo de admiración y consternación. Su dedicación y simplicidad eran notorias. Era conocido también como un hombre de oración. Dueño de un intelecto privilegiado, era un dedicado estudioso de las Escrituras, pudiendo leerlas en siete idiomas. Podía recitar el Nuevo Testamento de memoria, palabra por palabra.  

Los desafíos de establecer la iglesia en Europa eran enormes. Comenzaron publicando la revista “Le Signes” (Las señales), cuyo costo fue más caro de lo que habían planeado. Muchas veces, Andrews usó recursos personales para cubrir los muchos gastos, sacrificándose en extremo para el avance de la causa. Las remesas demoraban mucho en llegar, por lo que muchas veces tuvo que sufrir penurias.  

Un duro golpe, del cual Andrews nunca se recuperó, fue la muerte de su amada hija Mary, en 1878, a quien consideraba su brazo derecho en el proceso editorial del periódico en francés. Andrews respetaba tanto las finanzas de la Iglesia que, al volver a los Estados Unidos para participar de las reuniones de la Asociación General, pidió permiso para llevar a su hija a fin de que se tratara en el Sanatorio de Battle Creek, pero estuvo dispuesto a costear todos sus gastos. Ella murió dos meses después.  

En una de las pocas declaraciones de Elena de White que expresaron la garantía de que alguien participaría de la resurrección, ella le declaró a Andrews que podría ver a su esposa Angeline y a su hija Mary, respondiendo al llamado del Dador de la vida y saliendo de la cárcel de la muerte, triunfantes (Carta 71, 1878). En el incesante cuidado por su hija y rehusándose a salir de su lado, Andrews también contrajo tuberculosis. Desde entonces, su vida, su vigor y alegría fueron declinando poco a poco hasta ser vencido por la muerte en 1883. 

Impresiona, sobre todo, la dedicación y el sentido de responsabilidad de John Andrews con el trabajo de la editora europea. Reconociendo su dolor y dificultades de salud, la Asociación General envió a un nuevo responsable para cuidar del trabajo; y también envió a su madre, de 83 años para acompañar a su hijo en los últimos momentos.  

Durante sus últimas semanas de vida, Andrews resolvió varias cuestiones administrativas. En la mañana del domingo 23 de octubre de 1883, día de su muerte, a pedido suyo algunas personas se reunieron en su cuarto para orar. Después de las oraciones, y aproximadamente tres horas antes de fallecer, como última acción, dejó 500 dólares para que fueran empleados en la misión. Qué ejemplo de amor a la causa. A su pedido, no hubo discursos fúnebres y solo fue publicada una sencilla nota en la Review. 

Cuando pienso en la vida de esos hombres y mujeres que se entregaron de cuerpo y alma al trabajo del Señor, no ahorrando su propia vida ni sus recursos para hacer avanzar el reino de Cristo aquí en esta tierra, cuán mezquinos, egoístas y orgullosos parecemos ser. Que el Señor tenga misericordia de nosotros, y nos ayude a vencer esa terrible batalla contra el yo y que podamos renovar nuestro compromiso de fidelidad al Señor.  

Conclusión – Llamado 

En este mensaje vimos: 

  • La importancia de las escuelas de los profetas en tiempo de Elías y Eliseo. 
  • El desafío de hacer sacrificios para que nuestros hijos asistan a una Escuela Adventista. 
  • La confirmación del llamado de Eliseo por su fidelidad en el cumplimiento del deber.  
  • Eliseo dio pruebas de su fe al confiar en la bendición y dirección del Señor. 
  • El pedido de Eliseo de tener una doble porción del espíritu de Elías indicaba su disposición de seguir en el camino para el cual Dios lo había llamado. 
  • La respuesta de Elías nos enseña que Dios establece y llama a sus líderes. 
  • El hecho de que Eliseo presenciara el traslado de Elías en un carro de fuego al Cielo confirmó que su pedido había sido aceptado.  
  • El manto de Elías dejado a Eliseo confirmó que el mismo Dios y el mismo poder que estuvieron con Elías seguirían ahora con él. 
  • Dios nos llama a asumir responsabilidades en su servicio. A veces hasta podemos estar solos en el cumplimiento del deber, pero nunca solitarios. 
  • El mismo Dios y el Espíritu que acompañaron a Eliseo, nos acompañarán también a nosotros hoy.  
  • La emocionante historia de John N. Andrews quien entregó la vida y sus recursos para la salvación de personas.  

 

Que Dios nuestro Padre nos bendiga una vez más. Que su Santo Espíritu toque nuestro corazón y nos convenza de nuestras faltas y pecados y que por medio de la gracia redentora de nuestro Señor Jesucristo seamos transformados para continuar sirviendo al Señor de todo nuestro corazón, siendo una voz de esperanza en este mundo.  

  

 

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